Sordos y Afónicos

Publicado: 26 de octubre de 2019

Si tuviera que hacer una analogía entre nuestra realidad social y una obra teatral, podría acercar esta idea: vivimos en un gran escenario en el cual nadie mira ni escucha al otro. Espectadores que miran a la salida, cada uno con auriculares encendidos mientras los actores cantan, bailan y gesticulan sin conmover a casi nadie. No hay lágrimas ni aplausos, sólo silencio.

Hace unos días el presidente de Chile exclamaba ante las cámaras “los escuché” y eso hizo preguntarme sobre quién escucha a quién y por qué y cuándo es necesario escuchar. En este mundo loco los ciudadanos gritan cada vez más. En Barcelona, en Londres, en Caracas, en Hong Kong, en Santiago de Chile o en Buenos Aires, las manifestaciones se multiplican y desnudan una insatisfacción creciente. Nuestra Democracia representativa cruje y parece no solucionar problemas reales. Se multiplican los foros, las cumbres y los ministerios. Los funcionarios viajan, escriben en sus computadoras, publican “papers” pero nada parece funcionar. Allí mismo otro dirigente político expresó: “Todo esto no es por un aumento de treinta pesos en el transporte, es por 30 años de olvido…”. Se hace necesario aclarar que la Democracia es una idea, un concepto que se debe practicar, que se hace efectiva y se la vive. Esa es tarea de todos los ciudadanos incluidos los gobernantes.

Al no sentirnos escuchados comenzamos a gritar. Gritar de formas variadas. Gritar con stress, gritar en un piquete, gritar con un síntoma gástrico, gritar con una puteada en el colectivo, gritar en la grieta y tantas otras formas. Esas también son maneras de hacerse oír, aunque no sean las mejores ni las más sanas.

A una gran porción de nuestra sociedad nos cuesta aceptar y comprender la lógica de una huelga o de un piquete, pero también nos cuesta entender sus causas. Una ruta cortada o una fábrica tomada son gritos que se hacen oír, frente a la sordera de la otra porción de la sociedad. Frente a tanta sordera la afonía es destino y los hechos recientes en Chile o en Cataluña por ejemplo, lo confirman una y otra vez. Dicen que la guerra es el fracaso de la diplomacia, entonces podríamos decir que un piquete es el fracaso de la escucha…

Pero ¿es sólo problema de los políticos y funcionarios? En nuestros hogares esta realidad también se manifiesta. Cientos de miles de madres y padres ya no escuchan a sus hijos, parece como que no hay tiempo. La producción y el consumo nos coparon la parada. Entonces los pibes gritan, gritan con síntomas emocionales y físicos, con malas notas en la escuela o con adicciones varias. Gritan aislados en sus piezas, gritan en “silencios in-significantes” (sin significación ni sentido).

Desde la teoría de la comunicación sabemos que es imposible no comunicar, entonces claramente siempre estamos “diciendo algo”. Cuando la palabra no es escuchada comienza un lento proceso de acumulación de tensiones que a la larga siempre termina explotando, en mi cuerpo, en el cuerpo del otro o en el vínculo.

¿Qué necesitamos para escuchar? SILENCIO. Parece sencillo pero nos es muy difícil.

Al ser humano moderno lo seduce cada vez más el ruido, el vértigo y el consumo. En esa espiral es difícil parar la pelota y hacer silencio.

El silencio habilita la escucha y allí radica, por ejemplo, el poder sanador del Psicoanálisis: Silencio y Escucha, para retomar el ida y vuelta del decir.

Se hace necesario y urgente que frente a tanto desierto en la escucha familiar, los adultos despierten y comiencen a regar los vínculos con hijos e hijas, con litros y litros de palabras y escucha.

Por último, y volviendo a nuestros funcionarios-representantes, Pepe Mujica, ex presidente uruguayo, sabiamente sentenció: “El poder ensordece”. Por un lado, el funcionario comienza a distanciarse cada vez más de la realidad cotidiana porque transita una vida de reuniones y escritorios, pletórica de choferes, asistentes y asesores. Y por otro, es esa misma vida la que le impide “hacer silencio” para escuchar y escucharse. Al final, terminan encerrados en un húmedo y solitario castillo, rodeados de un puñado de burócratas.

En América Latina usualmente los presidentes comienzan sus mandatos escuchando y lo terminan sordos. Una triste realidad que nos acompaña desde hace décadas. Dios quiera que nuestro próximo presidente escuche desde el 10 de diciembre de 2019 hasta el 10 de diciembre de 2023.

Lic. Esteban Gómez

Psicoanalista UBA MN 25591 MP 25668