Romper para romperse

Publicado: 21 de mayo de 2023

UNA ESCUELA COMO TANTAS OTRAS

En estos días sucedió un nuevo hecho de violencia en una escuela de nuestra ciudad. Pero esta vez el objeto fue la propia escuela. En este último episodio, un baño fue destruido.

Quienes nos vinculamos profesionalmente con el ámbito educativo, pero también cualquier padre o madre, vemos en muchas aulas puertas rotas, bancos maltratados, ventanas rotas, estufas dañadas, sillas sin respaldo, pizarrones escritos, caños de agua rotos, enchufes derretidos y la lista podría continuar…

¿Qué mueve a un adolescente a dañar a su propia escuela? ¿Cuáles son las condiciones en las que la agresión se piensa, se organiza y se ejecuta?                                                                        ¿Por qué no se puede pensar, cuidar y sostener las instalaciones de una escuela como parte del proceso enseñanza-aprendizaje, como aquel lugar transformador y creador de un futuro mejor?

LA AUTOAGRESION COMO DESCARGA

Antes de continuar, aclaro que este es un simple artículo de opinión y divulgación de algunas ideas con el objetivo de entender la difícil y múltiple realidad que sucede, quedando lamentablemente regido por la brevedad en la extensión y profundidad de algunos conceptos teóricos.

La vida pulsional de los seres humanos es compleja y muchas veces difícil de entender. Sencillamente podríamos decir que el concepto de pulsión se gesta en una doble pertenencia: Biología y Simbolismo o si se prefiere, Empuje energético y Palabra. Ambas tienden a la descarga de esa tensión sobre un objeto.

Mucho se ha estudiado y escrito sobre aquellas descargas, sobre todo cuando son agresivas y violentas. El objeto meta está afuera, cuando se violenta o se vulneran derechos o cuerpos de otros, o el objeto es “uno mismo” cuando estudiamos las múltiples formas de la Auto-agresión en las que algunos seres humanos se empeñan cotidianamente.

Propongo que pensemos (sin ser original en esta idea) que el Vandalismo Escolar es una forma de Auto-agresión personal y social.

Por otro lado sabemos que la pubertad y adolescencia son etapas de cambios, tensiones y crisis profundas que todo pibe o piba deben transitar.                                                                            Quiero hacer foco en solo una de las particularidades y desafíos sociales y familiares  que esa etapa propone: La tensión con el mundo adulto, representado en la puesta de límites, en los desafíos a la palabra de papá y mamá.

Todo aquello que represente a cualquier forma de autoridad o mandato social, incomoda y por ende el empuje será hacia la confrontación directa. Todos aquellos lectores que han tenido hijos adolescentes saben a lo que me refiero.                                 

Es en este contexto en el cual los adultos somos interpelados por estos adolescentes, quienes eligen a la escuela como tablero, como palestra para mostrarnos sus malestares.

LA REALIDAD SOCIAL ENTRA AL AULA

Escuchar a un maestro, a una profe, a un preceptor o a un directivo puede ser una experiencia maravillosa o angustiante… o ambas.

Es angustiante la escucha porque el docente se encuentra diariamente en modo “multi-tareas”: Ataja y ejecuta penales al mismo tiempo. Es psicólogo, trabajador social, referi de box, mediador, abogado de familia, contenedor, consejero en sexualidad humana, burócrata, organiza la compra de libros y hasta paga de su bolsillo las fotocopias, etc.                                                                                               Y en el tiempo restante debe transmitir conocimientos y es el responsable del “buen clima áulico”. 

El docente está expuesto en primera línea a la triste realidad socio-económica y familiar de la gran mayoría de sus alumnos.  Hoy los niveles de stress de esta profesión la ubican a la par de policías, bomberos y emergentistas.

Y es también una escucha maravillosa por todas esas mismas razones. Es decir que el aula sigue siendo (al menos hasta hoy) un ámbito de trabajo sobre esa misma realidad disfuncional.    Los pibes y pibas “traen” su conflicto a la escuela como último recurso, frente a un retroceso del mundo adulto en sus propios hogares.

El diálogo y el acompañamiento familiar está precarizándose, des-inflándose, hay un piquete en la ruta emocional que une a padres e hijos.  El vínculo tiende a desaparecer y por eso la escuela y el docente “ocupa el rol de adulto a desafiar”.  

Cualquiera de estos pibes podría comentarnos: “¿A quién desafío si en casa no hay nadie?” “¿Con quién enojarme si en casa nadie me escucha?”

No hay muchas opciones. La escuela se transforma en un blanco cercano.

LA AUTOAGRESION COMO GRITO

Es aquí en donde el hastío, la bronca y la des-orientación de cientos de pibes y pibas toman la forma de explosión violenta.      Si la palabra no es promovida como recurso simbólico y los espacios de escucha familiar no existen, lo único que queda es la violencia que como una bomba sin mecha explota en “sus propias” y “nuestras propias” manos.

Romper la escuela es romperse, es una autoagresión por elevación a sí mismos, es martillarse un dedo porque algo está funcionando mal, diría muy mal…

UN CAMBIO URGENTE

Cada piba que deja la escuela, cada pibe que rompe su escritorio, cada adolescente que concurre drogado al aula, cada chico que no puede acceder a la universidad pública por falta de herramientas cognoscitivas y vinculares es una bofetada a la comunidad educativa.

En un artículo pasado, escribí sobre el concepto de “Deflación Social” como aquella realidad en donde la mayoría de los parámetros y variables del lazo social vigente están en franco retroceso. La comunidad educativa (docentes, alumnos, familias y funcionarios) no está al margen de esa realidad.

Pero si bien esto es cierto, no debe ser entendido como justificación a lo Poncio Pilatos.                      

Debemos articular rápidamente nuevas respuestas, nuevas estrategias con más recursos humanos y aprender de la Gestión, Prospección y Mitigación de Riesgos en las instituciones educativas.

Debemos cuidar más a nuestros docentes, capacitarlos y darles herramientas para poder enfrentar esta durísima realidad social.

De no hacerlo las escuelas continuarán arreglándose y rompiéndose, pintándose y maltratándose, mientras los adultos responsables continúan estafando a cada pibe y piba de nuestra querida Patria.

Nota: Las opiniones de este articulo son responsabilidad del autor