Realizaron en Mercedes encuentro de agentes de pastoral de la arquidiócesis

Publicado: 8 de septiembre de 2010

Del encuentro participaron agentes de distintos lugares de la arquidiócesis

Con motivo de las celebraciones por los 75 de la creación de la diócesis de Mercedes, se llevó a cabo el sábado 4 de septiembre, un encuentro en el que participaron agentes de pastoral de toda la arquidiócesis.

La misa fue encabezada por el arzobispo Agustín Radrizzani.

Bajo el lema “De la mano de María seguimos haciendo historia” y convocado por el arzobispo, Mons. Agustín Radrizzani, se reunieron unas 600 personas en la ciudad de Mercedes, donde fuera el edificio del Colegio Parroquial Padre Ansaldo. Se contaban entre los presentes un alto porcentaje de jóvenes, así como laicos de mediana edad, matrimonios, consagrados, religiosas, religiosos, personas de la tercera edad, seminaristas y un numeroso grupo de sacerdotes de las diversas comunidades.

La reunión comenzó a las 10:00 con el ingreso de la imagen Patrona de la Arquidiócesis: Nuestra Señora de las Mercedes, también procesionalmente entró en el salón desbordante, la réplica de Nuestra Señora de Luján. Allí, animados por un excelente grupo musical integrado por jóvenes laicos y seminaristas, se pudo expresar el fervor de la devoción a la Madre de Dios. Inmediatamente el arzobispo dio la bienvenida junto con los objetivos del encuentro. Posteriormente a través de un video se motivó para los trabajos grupales, los sacerdotes Roberto Giecco y Claudio Mosca tuvieron a cargo la tarea de explicar el camino recorrido en los trabajos parroquiales y por zonas pastorales, que en el encuentro convergían para plasmar líneas de acción que respondiesen a los tres desafíos planteados por el Obispo al tomar posesión de la arquidiócesis. Ellos eran: encontrar el rostro de Cristo; hacer de la Iglesia casa y escuela de comunión y renovar el ardor misionero.

Luego de un provechoso trabajo en grupos, marcados por la riqueza de la participación en cada uno de ellos de todas las franjas de edades y varios de los carismas que aportan a la evangelización en Mercedes – Luján, las conclusiones – líneas de acción se sintetizaron en tres por cada desafío, para ser proclamadas ante toda la asamblea.

Alrededor de las 15:00 hs, la imagen de la Virgen portada por un vehículo de la Gendarmería Nacional encabezó una enorme caravana de automóviles y ómnibus, animados por la transmisión radial en vivo de FM Santa María (88.1), que se dirigió al templo Catedral para celebrar la Eucaristía, presidida por el obispo Radrizzani y concelebrada por unos treinta y cinco sacerdotes. La feligresía colmó el templo madre de la arquidiócesis y continuando con el clima festivo y agradecido, se presentaron al obispo las conclusiones de los trabajos en grupo. Ello colaborará a la elaboración de un plan de pastoral arquidiocesano que se concretará en el marco de la gran misión continental que pide Aparecida.

Durante la santa Misa, el Arzobispo se dirijió a todos en la Homilía diciendo:
Queridos hermanos:

Nos encontramos en la iglesia Catedral, celebrando los 75 años de vida de nuestra arquidiócesis de Mercedes – Luján. Es significativo estar en este templo como familia de Dios, ya que es la iglesia madre en la arquidiócesis; desde ella se derrama el Espíritu santificador a todo el pueblo de Dios que peregrina en el territorio encomendado al Obispo como pastor, sucesor legítimo de los apóstoles; se enseña la Palabra de vida y se va conduciendo, con la colaboración de los sacerdotes, diáconos, religiosos/ as, laicos, para formar juntos el rebaño del Señor: único Pastor de su pueblo.

El recordado y querido papa Pablo VI decía ““por la majestad de su construcción, es signo de aquel templo espiritual, que se edifica en las almas y que resplandece por la magnificencia de la gracia divina, según dice el Apóstol Pablo: ‘Ustedes son templo de Dios vivo’ (2 Co 6, 16). Además debe ser manifestación de la imagen expresa y visible de la Iglesia de Cristo que predica, canta y adora en toda la extensión de la tierra. Debe ser considerada ciertamente como imagen del Cuerpo místico de Cristo, cuyos miembros se unen mediante un único vínculo de caridad, alimentados por los dones que descienden como el rocío del cielo”.1

Un trabajo juntos.

Nuestra arquidiócesis está signada por la presencia de la Madre de Dios, las Santísima Virgen. De su mano, los que nos han precedido en la fe han hecho historia. Ustedes han trabajado durante estos últimos meses en las comunidades parroquiales, en las zonas pastorales y rescataron el camino andado, atesorando los signos de vida y perdonando y pidiendo perdón por tantos errores u omisiones de bien que encontramos. También han mirado el momento presente y se han planteado desafíos que hoy han trabajo para concretar en acciones que muestren a Jesucristo vivo en cada una de las comunidades. Sé que me harán llegar las conclusiones de este trabajo – compromiso en el momento de las ofrendas de esta santa misa. No tengan dudas que serán luminosos aportes para ponernos juntos a trabajar, también de la mano de María y en sintonía con toda la Iglesia de América Latina y del Caribe, lanzándonos a la misión continental, que pide Aparecida2.

Construyendo Iglesia: casa y escuela de comunión.

Cada encuentro ha significado construir la Iglesia, es decir la casa y escuela de comunión, donde ayudándonos y fundamentalmente amándonos unos a otros fuimos haciendo el “templo vivo”. Hemos experimentado la presencia de Jesús y sabemos con claridad que queremos ser discípulos fieles. No es tarea fácil, ni depende de nuestras capacidades o fuerza de voluntad, más bien se trata de una muerte a uno mismo, una especie de vaciamiento, para que sea Él quien lo llene todo. Es Él quien da la fuerza, es Él quien da Vida Nueva, es El quién enciende en nosotros el deseo de su rostro, es Él quien nos hace hermanos y nos une.

Si el Señor no construye la casa en vano trabaja el obrero, dice el salmo 126. Por eso pedimos al Señor que nos regale ser casa y escuela de comunión. Casa para cobijar a todos, para recibir, para dar lugar, para entusiasmar. Escuela para que, acercándonos a la Palabra, ella forme en nosotros el rostro de Cristo y nos infunda sus sentimientos “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Flp. 2, 5). Escuela que nos haga humildes oyentes y fieles operadores de la Voluntad del Padre. La comunión es el fruto de la presencia de Jesús. Es el restablecimiento de la relación con Dios, nuestro Padre y la vivencia efectiva y afectiva de la fraternidad entre nosotros. No podemos pretender ser discípulos solos, no podemos ser cristianos sin Iglesia3.

Quizá este esfuerzo por mirar hacia atrás y proyectarnos hacia delante nos ha hecho tomar conciencia de estar insertos en una historia de Salvación, que no comienza con nosotros, ni se acaba con nosotros. Hemos de ser humildes y dejar que brille la luz de Cristo, siendo nosotros simples obreros de su viña, aunque también tenemos que ser responsables y poner a producir los talentos que el Señor nos encomienda, para que crezca su Reino en el mundo.

Discípulos misioneros.

El empeño misionero es algo que nos debe ocupar en los próximos años. La misión nace de una experiencia del Resucitado. Nos hemos encontrado con Cristo y El nos ha cambiado la vida. Y es tal la felicidad que experimentamos que no podemos callar lo que hemos visto y oído. Desde esta perspectiva queremos ubicarnos.

Si somos comunidad, si somos familia, si somos hermanos estamos creando el clima para acercar a otros a la fe. Pero ¿a quiénes? A todos, y solo amando en serio, como Jesús, dándonos, podremos asumir los desafíos del tiempo presente, sintetizados en el imperio de la subjetividad: cada cual atiende su juego y, el relativismo: todo depende en orden a mi bienestar.

La atención particular tendrá que dirigirse a los rostros sufrientes que nos duelen4: los que viven en la calle, los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes, los presos, teniendo en cuenta que los más sufrientes son los que no tienen a Dios5.

Esta es nuestra Iglesia, una Iglesia auténtica, evangélica, fraterna y misionera, que vive la comunión entre los hermanos y anuncia que el Señor resucitó.

Que la Virgen, discípula misionera nos guíe para dar a Jesús a todos. Amén.