«Pongamos a los pies de nuestra Madre Inmaculada de Luján los pensamientos, los sentimientos, las intenciones y los propósitos»

Publicado: 7 de septiembre de 2008

Con motivo de la celebración del 90º aniversario del Consejo de Educación Católica de la provincia de Buenos Aires, el arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, presidió una misa para sus miembros, en la basílica de Luján, en la que destacó el “muy importante” servicio que el subsistema educativo eclesial brinda en esa jurisdicción, porque, aseguró, es “bien sabido, que resulta barato al Estado bonaerense”.

“La Iglesia sostiene que el derecho y el deber de la educación compete en primer lugar a la familia, pero requiere la colaboración de toda la sociedad; le compete también al Estado, según el principio de subsidiariedad, cuando no basta el esfuerzo de los padres y de las diversas instituciones. Así lo enseña el Concilio Vaticano II, que señala, además, un motivo singular del protagonismo de la Iglesia en el ámbito educativo: su deber de anunciar a todos el camino de la salvación y de comunicar a los fieles la vida de Cristo. Como Madre, la Iglesia está obligada a educar a sus hijos, y de ese modo contribuye al bien de la sociedad terrena, a configurar un mundo más humano”, recordó.

Tras señalar que “el principio católico que postula una jerárquica armonía entre la naturaleza y la gracia, la razón y la fe, la cultura humana y el Evangelio, revela también que nuestras escuelas cumplen en plenitud la función específica de toda institución escolar cuando son capaces de dar vigencia a un proyecto educativo centrado en Jesucristo”, consideró que “nuestros chicos deben cultivar sus facultades intelectuales, desarrollar la capacidad de juzgar rectamente, adquirir el sentido de los auténticos valores, recibir creativamente el patrimonio de la cultura conquistado por las generaciones pasadas, prepararse para la futura vida profesional, educarse como buenos ciudadanos, pero todo eso han de intentarlo a la luz del Evangelio y con la ayuda de la gracia de Dios”.

“La enseñanza religiosa escolar y la catequesis no pueden reducirse a un mínimo espacio curricular: deben ser la fuente inspiradora de una doble síntesis: entre la fe y la cultura, entre la fe y la vida. Nuestras escuelas están llamadas a constituirse, cada vez mejor, en centros de transmisión de la sabiduría cristiana; para que nuestros alumnos lleguen a ser hombres y mujeres de bien, buenos ciudadanos, nos empeñamos en formarlos como buenos cristianos”, subrayó.

El arzobispo llamó a enfrentar “con lucidez, serenidad y esperanza” los obstáculos que “se oponen a su plena realización, los problemas que plantean la cultura actual y la situación social de nuestra provincia y del país”.

Pero reclamo no ilusionarse con “un posible resultado automático de todas las buenas iniciativas que ponemos en curso en nuestros colegios”, porque, advirtió, “sabemos que hay que contar con factores poderosos de deseducación que interfieren perniciosamente en el proceso educativo: la disgregación familiar, la pobreza extrema en vastos sectores de la población, el cretinismo y la perversión de muchos programas televisivos, algunas orientaciones ideológicas que se imponen en los cenáculos pedagógicos, modas y manías de la “cultura joven” que se anticipan devastando la condición infantil y tantas cosas más”.

“El educador, el maestro, se acerca con paciencia y amor a la realidad concreta del alumno; la escuela, la comunidad educativa, tiene que tener algo de familia, de casa, para que el servicio que brinda no se diluya en la masificación y el anonimato, sino que, al contrario, se desarrolle con una dedicación personal a cada uno; así corresponde, porque el fin de la educación es que el niño y la niña, los adolescentes, los jóvenes, logren plasmar su personalidad, ser plenamente lo que son de acuerdo a su naturaleza y a su vocación”, enfatizó.

Monseñor Aguer expresó su deseo de que la escuela católica pueda dar lugar a “todos y proporcionar una educación de excelencia a los hijos de las familias más pobres”, pero estimó que habrá que preguntarse “cuántos chicos y chicas de nuestros colegios, después de haber pasado en ellos hasta diez o doce años, salen como cristianos convencidos y se incorporan a una comunidad parroquial o a un movimiento eclesial”.

“Hay un objetivo elemental y no podemos cejar en el esfuerzo inteligente y tenaz que se debe aplicar para lograrlo: que todos egresen conociendo las verdades fundamentales de la fe, sabiendo qué significa y qué implica el ser católico; que sepan y valoren las normas evangélicas de la vida cristiana. En suma: que conozcan y amen al Señor. ¡Qué bueno será que cada año podamos despedir a los egresados con la seguridad y la alegría de saber que van bien pertrechados para enfrentar la vida!”, resumió.

El arzobispo señaló que el punto clave de la pastoral educativa es que “nuestras escuelas verdaderas comunidades; es así como las consideramos, pero no es tan fácil que efectivamente lo sean, que sean comunidades fraternas, eclesiales, en las que se viva la unidad de la caridad. Deben serlo, porque sólo así serán en serio educativas en sentido cristiano; sólo así constituirán un ambiente evangelizador”, porque, indicó “a partir de esta vivencia eclesial, la escuela puede proponerse desarrollar una misión respecto de las familias de los alumnos, con el fin de ayudar a los padres a asumir su condición de educadores, que han elegido para sus hijos un camino de formación según los principios de la fe cristiana”.

“Pongamos a los pies de nuestra Madre Inmaculada de Luján los pensamientos, los sentimientos, las intenciones y  propósitos que ha suscitado en nosotros la celebración de los aniversarios que nos ha reunido hoy. Sí, presentémosle nuestra acción de gracias y nuestra súplica, para que ella atraiga sobre la tarea educativa de la Iglesia en la provincia de Buenos Aires, y sobre todos los empeñados en ella, abundantes bendiciones del Señor”, concluyó.

Fuente: Aica on line