El miedo a la mujer

Publicado: 8 de marzo de 2020

Dicen que los dioses griegos crearon a la mujer para castigar a Prometeo, por el delito de robarles el fuego. Hasta ese momento
hombres y fuego nacían de algunos árboles. Pandora, la primera mujer, vio la luz del sol para seducir a Epimeteo, hermano de aquel y
abrir una caja que contenía enfermedades, males y bestias para ser liberadas en la tierra. La mujer fue un castigo divino de Zeus “quien la
colmó de belleza, inteligencia, sensualidad, curiosidad e insatisfacción”.

Pero allí no quedo todo. La tradición judeo-cristiana, ubica a la mujer también, cerca de un árbol y como señal de castigo y peligro.
En este caso se llamaba Eva. Dicen que nació de la costilla de Adán y desafió la advertencia divina: “No acercarse a ese árbol, ni comer de
su fruto…”
Al igual que su prima griega, su inteligencia y curiosidad la hicieron presa fácil de la serpiente y ella también abrió otra caja, esta vez con
forma de manzana… expulsando para siempre al ser humano del paraíso terrenal.

Siglos más tarde Heracles escribió: “La mujer es demasiado peligrosa para no someterla…” y sembró la semilla del patriarcado románico.
Tiempo después la Biblia relata en las cartas de San Pablo a los Efesios que: “…la mujer debe estar sometida al marido…” y que “el
marido es la cabeza de la mujer…”
Solo mencionaré que en la edad media la “santa inquisición” fue el gran cenit para una tríada que con los milenios se fue incubando:
“Mujer-Pecado-Mal”.
Más allá de todo análisis y fe religiosa, como vemos, los mitos antropogénicos tallaron la cultura y enseñaron al varón que la mujer
fue y será peligrosa y por ende es menester cuidarse de sus influjos.

Poco tardó para que esos mensajes enseñaran y reforzaran ese miedo a la mujer y por ende todo aquello que ella representaba: Inteligencia,
Creatividad, Curiosidad, Sensibilidad y Fortaleza.

Una vez más el miedo fue motor de hechos históricos y paradigmas socialmente equivocados. El miedo es lo opuesto al Amor y por ende
siembra dolor y desencuentro en cada uno de sus pasos.

La devastación cultural, la falta de modelos humanistas y la extinción de valores éticos y espirituales, está haciendo que una porción de la
sociedad cosifique, denigre, abuse, asesine y descuartice a muchas mujeres. Es como si nos enfrentáramos a un demonio al que hay que
someter primero para destruir luego y finalmente aniquilar en una hoguera inquisidora.

Felizmente la gran mayoría de los varones no tienen ese destino y hay mucho cambio de paradigma en el aire. Se lo escucha en los niños,
niñas y adolescentes, se lo ve en las aulas y plazas.
Los varones adultos, seamos padres o no, debemos sumarnos a esta bella empresa, rompiendo paradigmas, de-construyendo machismos,
animándonos a nuevos lugares en la crianza, en la política y en la fábrica también.
Pero sobre todo debemos dejar atrás mandatos sociales, familiares y discursos mitológicos basados en el miedo y en la supremacía del
varón. Hay mucho por andar, pero juntos, varones y mujeres estamos comenzando.