Deflación Social

Publicado: 17 de julio de 2022

Hace una semana nuestra ciudad tuvo un último encuentro con el Hades, descendiendo a aquellas regiones más oscuras de nuestra maltrecha humanidad.

Hace una semana una nueva muerte absurda se llevaba la vida de un pibe que estaba arrancando la maravillosa experiencia de estar vivo. La brutalidad y la ignorancia volvieron a sentarse en nuestra mesa y reclamaron su botín.

Hace una semana nada nuevo sucedió y la larga lista de muerte y violencia cotidiana en nuestro país continúa reproduciéndose. La sociedad contempla anestesiada el espectáculo, mientras gira en una extraña danza de hastío, bronca, miedos y desesperanza.

Nadie se salva solo

Si pensamos que el fenómeno de la violencia es responsabilidad de un solo sector social estamos en un grave error. Ya hemos probado el dulce e infantil elixir de “echarle la culpa a los otros…” y así nos va.

Las violencias tienen una génesis múltiple y por ende es necesario asumir que toda la sociedad somos – en proporciones diferentes- responsables de generarla, multiplicarla y sostenerla. Así mismo, las variables intervinientes en ese fenómeno son muchas y van desde lo socio-económico, hasta la salud mental de los violentos, pasando por condiciones familiares y de reproducción de un discurso social violento y de grieta en medios de comunicación y redes sociales.

Para aquellos que creen que el problema es del otro, del delincuente, del oficialismo, del próximo gobierno, de un club o del otro, cabe recordar que cuando Nerón incendió Roma el fuego no preguntó. Son necesarias políticas y miradas integrales para que toda la sociedad comprenda primero y enfrente después al fenómeno de las violencias.

Todas y todos debemos implicarnos. En casa, en el aula, en la fábrica, en tu negocio, en el club y por sobre todo en los escritorios de aquellos funcionarios y funcionarias públicas que trabajan para una sociedad mejor.

Deflación Social

Este concepto es un híbrido con aromas de dos ciencias sociales: La economía y la sociología. Nacido en Europa después de la crisis del 2008, intentaba explicar algunas condiciones de la realidad social de Portugal, Irlanda, Grecia y España, los denostados “PIGS”.

La post-pandemia y la crisis económica global exacerbaron sus condiciones, reflotaron y actualizaron su sentido.

La deflación social da cuenta de la ruptura cotidiana del contrato social vigente, pero no de una manera a lo Robespierre. Aquí no hay guillotinas ni tomas de la bastilla, ni siquiera están los quijotescos “barbudos de Fidel”. La ruptura se parece más a un lento y sostenido des-garro del tejido social y de las instituciones de la Democracia Representativa y no solo de ella.
La política está rota, los políticos son despreciados y sospechados por la inmensa mayoría de la sociedad, pero también la Familia y la Educación están pasando por una crisis que los europeos no conocían desde hace casi 80 años.

2001: Deflación Social Criolla

En nuestra sociedad, a todo lo mencionado en el párrafo anterior, le tenemos que sumar nuestra propia historia reciente. Si no ampliamos la mirada, insisto, quedamos miopes. Abrir la cabecita y poder historizar se hace necesario, mas allá de las broncas e impotencias crecientes que recorren las venas de todos y todas.

Hace 21 años creímos tocar fondo. Soñamos con el “que se vayan todos”. Creímos que lo nuevo podría advenir, con aires patrióticos y de honestidad Sanmartiniana o Belgraniana.

Creímos que la estabilidad económica y el consumir objetos y servicios era la añorada señal de que la tierra estaba a la vista…

Creímos que un viaje en avión, un 0km o tres aires acondicionados en casa eran señales del amor que los dioses volvían a profesarnos.

Nada de eso era, ni es cierto. El bienestar económico por sí solo no eleva a una sociedad, no construye ciudadanía ni refuerza los lazos solidarios entre sus integrantes. El consumismo es solo una bruma armada y artificial que impide ver a los depredadores de corazones y sueños.

2022: Deflación Reloaded

Gardel nos sigue cantando que “20 años no son nada” y mucho menos si continuamos sin aprender de la historia.

Nuestra clase dirigente se encuentra en un tobogán espiritual, ético y moral como no veíamos desde aquel 2001. Los índices de pobreza y marginalidad están al alza. Las condiciones laborales y las condiciones para sostener un trabajo están extinguiéndose. La violencia en las escuelas crece y la comunidad educativa (familias, alumnos y docentes) está des-encontrada. Los consumos crecientes de alcohol, drogas y psicofármacos traen enormes ganancias a quienes viven de ellos.

La Deflacion Social entristece, agobia y atraviesa a todas las clases sociales. Esa deflación, ese desinfle nos hace creer que la única salida para nuestras hijas e hijos es Ezeiza, nos hace sentir bien porque “pasé de año sin estudiar”, nos hace creer que “si me acomodo en algún puestito, me salvo”. La deflación social también nos lleva a pensar que “total yo remarco los precios y listo” o que la solución está en “vivir en un country” con alambres de púas y seguridad privada.

Los índices de depresión e intentos de suicidios se triplicaron en los últimos años en jóvenes de entre 15 y 25 años, casi todas las llamadas al 911 en el conurbano bonaerense son por violencia entre vecinos y podríamos seguir con la lista hasta entrada la madrugada…

La ciudadanía abrumada y anestesiada no encuentra un rumbo claro. Se queja, pero solo se queja. Señala a los violentos pero ella misma reproduce violencia. Micro-violencias cotidianas en la fila del banco, en el estacionamiento del súper o en una discusión a gritos en medio de la cena.

Cada baldosa que levantamos descubre miserias y hechos de corrupción. “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra…” dijo el gran Jesús ante aquellos fariseos que querían “matar a la perra para que se termine la rabia.”

Joaquín y una hoja de ruta

Me gusta la idea de “hoja de ruta” porque nos habla de un viaje, de un recorrido posible, de un inicio y de un destino.

Los psicoanalistas sabemos de ese tránsito, que va de una situación de absoluto dis-placer y sufrimiento, a un destino de salud posible que se va construyendo semana a semana, mes a mes, y año a año.

Sin una claro y rápido accionar de quienes gobiernan y de quienes somos gobernados, la Deflación Social conduce a la ruptura del lazo social que Rousseau señalo hace más de 250 años. Y la ruptura del lazo social vigente llevaría a toda nuestra nación a la anomia y a un “sálvese quien pueda” nunca antes visto. La ciudad de Rosario es un triste “recuerdo del futuro”, un claro espejo de lo que puede ser la provincia de Buenos Aires, si seguimos “haciendo la plancha”.

Por último, creo que la violencia en el Futbol es solo un emergente más, un síntoma más de la realidad argentina. Joaquín como tantas otras víctimas semanales de la violencia en nuestro país nos deja una advertencia y una opción de hierro:
Si no reaccionamos ética y moralmente como sociedad, comprendiendo que la educación, la familia y la solidaridad son anticuerpos para enfrentar la triste realidad, cualquiera de nuestros hijos e hijas podría ser la próxima víctima.

Todavía estamos a tiempo.

Foto: Prensa Club Luján.

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad del autor.