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Quién en Luján no conoce la historia del Negro Manuel, aquel hombre que formó parte de la caravana que trajo desde Brasil dos estatuillas de barro cocido encargadas por un estanciero que vivía en Santiago del Estero.
Es probable que quienes hayan formado parte de esa encomienda nunca hubieran imaginado que esa carreta que transportaba ambas imágenes se iba a detener a la vera del río Luján y que no volvería a avanzar hasta que una de ellas fuera bajada.

Más probable aún es que el Negro Manuel jamás se hubiera imaginado que se convertiría en pionero de una devoción que cientos de años más tarde movilizaría a millones de personas: el culto a la Virgen de Luján.
Nadie puede negar que Manuel Costa de los Ríos (como en realidad se llamó) fue una figura que marcó la historia no sólo regional sino también nacional. Por lo tanto, vale la pena preguntarse si todo este tiempo la “Capital de la Fe” le rindió el homenaje que en realidad merece.

Hay quienes luchan por resaltar su legado. El pasado 6 de diciembre, un santuario dedicado al Negro Manuel fue inaugurado en la ex ruta 7, en el límite entre los partidos de Luján y General Rodríguez.
El acto de inauguración estuvo a cargo del padre Sergio Gómez Tei y consistió en una celebración que combinó tres elementos simbólicos.

Primero, se repartió entre los presentes tierra proveniente de Guinea- Bissau (el país africano de donde el fiel esclavo era oriundo). Luego, se encendió un cirio y se esparció agua bendita.
“Este lugar seguramente va a permitir que se lo conozca más al Negro Manuel. No siempre se lo destacó ni se lo mostró lo suficiente. Fue una omisión que se le realizó durante mucho tiempo. Ahora se lo vuelve a presentar y resaltar su importancia”, expresó el padre Gómez Tei.

El impulsor de este proyecto fue el lujanense Gabriel “Pato” Duna, quien desde hacía tiempo venía solicitando un espacio destinado a la veneración del primer devoto de la Virgen de Luján, aunque nunca lograba contar con el apoyo necesario. Pero, en cuestión de unos meses, todo cambiaría.

El pasado 7 de agosto, día en que se honra a San Cayetano, su sueño estuvo un poco más cerca de cumplirse. El contexto de la pandemia no lo detuvo. Junto a un pequeño grupo de personas y una réplica de la Virgen, Duna decidió peregrinar hasta Liniers. Al pasar por General Rodríguez, las autoridades de allí se enteraron de su presencia y tuvieron una conversación con el lujanense, quien no perdió la oportunidad de comentar su deseo de construir la ermita.

Dos meses después, ante la imposibilidad de realizar la 46° Peregrinación Juvenil a pie por motivos sanitarios, las intendencias de ambos partidos se unieron para colaborar con lo que este hombre tanto anhelaba.
De esta manera, pusieron en marcha un plan de puesta en valor del lugar donde ahora está emplazado el santuario, a raíz de que antes solía ser un basural. Además, la elección de ese sitio no fue casual, debido a que durante las fechas de procesión a la Basílica, miles de fieles están obligados a pasar por allí.
De esa forma, Duna pudo fusionar dos de sus grandes pasiones: mantener vivo el legado del Negro Manuel y cumplir con el cuidado del medio ambiente de nuestra región.

Publicado el martes 15 de diciembre de 2020

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