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Una introducción necesaria

Cada 24 de marzo se abre una oportunidad para poner en marcha la Memoria, para repasar, repensar y reflexionar sobre un periodo que nos atraviesa más de lo que creemos. Será una sensación particular, pero parece que cuanto más tiempo transcurre, las miradas se complejizan más, los recuerdos buscan nuevos caminos, y -también- compañeros/compañeras dejan salir algunas vivencias, momentos, sentires que todavía tenían adentro (tal vez) sin darse cuenta. Siguen siendo, igualmente, fechas que se vinculan con el dolor, cierta tristeza y, como siempre, con la necesaria búsqueda de la Verdad y su consecuente objetivo de Justicia.

Ahora bien, en el caso de estas líneas el interés reside en aportar algunos datos y reflexiones que funcionen como disparadores de lo vinculado a lo que entregó como gestión de gobierno la última dictadura, encabezada por Pedro Silverio Sallaberry y Gerardo Amado. El binomio de facto alentó el mito de gestiones transformadoras, ocultando en sus exposiciones lo que fue una etapa de máximo oscurantismo, con inexistencia de controles locales, concentración del poder Ejecutivo-Deliberativo (más la Justicia de Faltas) en una sola persona y el omnipresente control social impartido por la Dictadura, en clave terrorismo de Estado.

Resulta importante destacar que la dictadura cívico-militar genocida dejó la marca más profunda y dolorosa de la que tengamos memoria. No sólo por lo que pasó, sino también por lo que continúa pasando. El plan sistemático de detenciones, torturas, desapariciones, muertes y robo de identidades llevado adelante por la Junta Militar, todavía hoy mantiene a organismos de Derechos Humanos ocupados en reconstruir la historia; en sostener la memoria, en luchar por la verdad y la justicia de los 30.000. De las 30.000. En esta laboriosa tarea se deberá destacar, en otros textos y no en este ya que no es su objeto, el compromiso de la gestión peronista de 1987, encabezada por Miguel Prince que prestó principal atención a la política de Memoria, Verdad y Justicia, algo fundamental en dicha etapa..

Retomando, entonces: en Luján, la complicidad manifiesta por parte de los referentes de la Unión Vecinal de Luján como pata civil del terror militar quedó terminantemente establecida. Durante siete años, distribuidos entre Sallaberry y Amado, los comisionados municipales acompañaron, encubrieron u ocultaron las atrocidades que se llevaban adelante en nuestra ciudad. Esto resulta un tema harto debatido en el cual el vecinalismo -como partido y fuerza protagonista entre 1976-1983, recurre insistentemente a la negación de la historia, al “no sabíamos”, “nosotros no fuimos”, o peor, “también fueron otros”.

Tanto es así que, en el caso de los comisionados de facto designados por los militares genocidas (uno de ellos, Amado, todavía se autodenominaba como “intendente” apenas años atrás) hasta en los últimos suspiros de sus respectivas existencias jamás aportaron datos o información que sirvieran para la reconstrucción de la verdad, ni para el avance de causas por delitos de Lesa Humanidad, como tampoco realizaron una autocrítica respecto al rol que insistieron y quisieron en ocupar, ya que ambos hicieron lo imposible por ser las autoridades máximas entre 1976 y 1983, sin importar el plan implantado y sus consecuencias. Como colaboracionistas, finalmente, mantuvieron su pacto de silencio iniciado en 1976.

Esta extensa introducción concluye con un refrán y una paradoja. Porque dicen que “el fruto no cae lejos del árbol” y así, entonces, lo absurdo se vuelve realidad cruda: mientras abuelas y abuelos todavía buscan a sus descendientes, otros -nacidos en una trabajadísima democracia y que relucen ser justamente “nietos de”- se atavían para continuar un legado político devaluado, antipopular y con un claro sentido reaccionario.

¿Gestión?, ¿Que municipio entregó la dictadura?

La gestión de Sallaberry comenzó en mayo de 1976 -tras la salida de De Lucía y una rosca palaciega que duró dos meses- y fue entregada a Gerardo Amado en julio de 1982, extendiéndose ésta última hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando comenzó la etapa democrática encabezada por el radicalismo con Rubén Rampazzi como intendente, quien recibió una gestión bastante menos espectacular que lo que la historia oficial vecinalista nos invita a creer.

Uno de los primeros datos es la inexistencia de un área o secretaría que contenga lo vinculado a la cuestión social y, asimismo, la endeble estructura sanitaria entregada a finales del 83, de manera que no era un interés por parte del gobierno de facto el abordaje de estas temáticas. Algo que sí comenzó a establecerse en 1983 con la creación de la Secretaría de Salud y Bienestar Social. Tiene inmediata relación aquí otro de los puntos críticos, que fue el Hospital Ntra Señora de Luján (municipalizado en septiembre de 1980) que tenía no más de 100 empleados entre médicos, técnicos, paramédicos y administrativos. En lo concreto era en realidad “una gran sala de primeros auxilios”. Cuando se hizo la transferencia del hospital, la provincia se hizo cargo de los gastos. Pero se hizo cargo de los gastos de un hospital con la complejidad que tenía en ese momento. Nunca se hizo un hospital más complejo porque se priorizaba la coparticipación de la Provincia. Si desde allí no se enviaba más dinero, el gobierno no iba a gastar más en el hospital de lo que le mandara provincia. Esto conllevó a que los servicios que brindaba -como la dotación de personal que tenía- eran absolutamente insuficientes.

En su discurso de 1983, Rampazzi lo señalaba ante el HCD: “Los últimos años, marcaron el mayor deterioro visto en materia de Salud Pública. Fue una política nacional, implementada exprofeso, la que en definitiva dio el último empellón, para que los resortes fundamentales del Área, pasaran a ser manejados por otros entes efectores de salud. Hoy encontramos Hospitales públicos sin estructura estables, no enmarcados en su regionalización con niveles de atención y totalmente desabastecidos. Hoy, en nuestra comunidad, la que con cifras alarmantes de mortalidad infantil, prenatal y perinatal muestra las huellas del desastre”.

Respecto a “obras” del período 1976-1983, contra la repetida frase de un Comisionado (o dos) que generó (generaron) infraestructura, se debe poner en contraste la realidad de barrios que estaban casi absolutamente abandonados debido a que el gobierno de facto se dedicó fundamentalmente a atender las demandas de los vecinos del Centro. Reflejo, esto, de la consideración como bastión político que tenía el vecinalismo de dicha zona.

El gobierno de la dictadura trabajó fundamentalmente para tener relativamente bien al Centro y no se ocupaba de los barrios. Un elemento que ayuda a comprender aquél objetivo era el parque automotor -bastante deficiente y con muchísimos problemas al momento de asumir Rampazzi-, el cual estaba constituido por rodados y maquinarias que servían para tener medianamente bien la zona céntrica, con barredoras municipales y camiones recolectores, lo suficiente para hacerlo solamente en el Centro. No había máquinas que realicen trabajos en los barrios de Luján, salvo alguna motoniveladora que trabajaba en algunos caminos rurales. El recuerdo de los memoriosos señala, además, la falta de iluminación en los barrios y la deficiente luminaria en el radio de Constitución, Carlos Pellegrini, 9 de julio, Av. España y Dr. Muñiz. Esto fue renovado durante el primer gobierno democrático y ampliado por los gobiernos que continuaron. Con la buena relación que tenía la dictadura de Sallaberry-Amado con la Cooperativa Eléctrica, resulta llamativo el poco mantenimiento de estos servicios.

Citando nuevamente el acta de 1983, la realidad histórica refleja que allí se reconoce la situación heredada en el área de Obras Públicas: “Nos encontraremos con problemas cuya solución es impostergable, es el caso de la situación existente en la provisión de agua corriente. La mitad de los pozos están fuera de servicio, algunos desde hace años. Y la falta de agua en esta época crea un problema social y factor de irritación lógica (…) por lo que será necesario poner en funcionamiento la totalidad de los pozos de abastecimiento de agua y concretar la construcción de la nueva planta de tratamiento de líquidos cloacales”.

Como si fuera poco, el gobierno de facto también profundizó el déficit habitacional y en 1983 -también consta en acta- se explicaba la importancia de atender la problemática, “dado que, desde hace aproximadamente veinte años, no se encaró ningún plan de vivienda”. El dato se debe leer entre líneas: 20 años atrás, en la década del 60’, Sallaberry tuvo protagonismo principal, siendo máxima autoridad municipal, también en años no democráticos y bajo regímenes militares. Pero, pongámosle, eso es otra historia. Volviendo al eje: la vuelta a la democracia tuvo que enfocarse en planes de vivienda (el plan FONAVI había sido perdido por impericias del último gobierno de Amado), en obras de infraestructura a realizarse principalmente en los barrios; extensión de redes de gas natural y de pavimentación.

Resulta clarificador exponer la situación económica entregada por la dictadura en San Martín 550. Los penosos números exhiben una ejecución presupuestaria de Recursos que solo llegó al 86% en el último año de gestión. Se dejó, tras 7 años, una dependencia de ingresos tributarios que significaban el 52% del total; y un nivel de recaudación de las tasas municipales del 75% con relación a lo previsto, que además disminuía si se consideraba el bajo índice de recaudación de las tasas más importantes para las finanzas municipales, las cuales apenas alcanzaron el 43% en promedio. En Gastos, según datos oficiales, el presupuesto llegó ejecutado en un 88%, “con varias partidas que no tienen créditos suficientes para cubrir necesidades hasta el final del ejercicio y otras totalmente agotadas. Esto irremediablemente implicará incurrir en excesos parciales al incorporar suministros que necesariamente tendrán que contemplarse”, argumentaba el nuevo gobierno en diciembre del 83.

Para el dolor de los “prolijos y eficientes” colaboradores del proceso, la verdad a la luz de la democracia dejaba ver otro panorama, tal como se expone a continuación: “No contamos con suficiente crédito en las partidas de personal para pagar el último incremento de sueldos del 22%, las causas de este desfasaje están: en las obras financiadas con recursos provinciales adelantados por la Municipalidad, que nos serán reintegrados pero a valores históricos; en la no concordancia entre las pautas de inflación previstos y la real; en los continuos ajustes salariales; en la imprevisión en compras y suministros; y en el excesivo gasto en horas extras y personal contratado. Todo esto, nos permite estimar que el ejercicio cerrará con un déficit de $ ₳ 3.000.000”, Rampazzi Dixit, en la primera apertura de sesiones de la vuelta a la democracia. Un aporte de “color”: en los años siguientes, en los diarios de nuestra ciudad, continuó el debate sobre las cuentas municipales incluso con la participación de Amado, Sallaberry y el flamante concejal Gualdieri. ¿Habría muchos debates sobre las finanzas municipales entre 1976 y 1983? Adivinen.

Quien quiera oír que oiga

Para no extendernos, (faltaría hablar sobre el cierre de la Delegación de Villa Flandria, re reabierta por Rampazzi, jerarquizada por Prince; la nula política turística o hasta el problema del basural ya presente en aquellos años), solo resta agregar que estos párrafos intentan aprovechar este día para seguir insistiendo en una batalla cultural de larga data.
Somos parte de una historia en la que otros-otras pusieron el cuerpo. Como expresa algún compañero, siempre debemos tener una mano aferrada a nuestro pasado, o dicho de otro modo: a nuestro enraizamiento. Porque en la disputa de lo nuevo y lo viejo, lo “pasado” queda del lado perdedor ante esa moda impuesta, y no siempre cierta, de que lo que llegó último es mejor.

Hoy todas-todos nos ponemos a hacer memoria de las atrocidades, de las mentiras, del cinismo y el terror de una etapa que nuestra generación azarosamente no vivió. Aprovechemos, escuchemos, aprendamos. Y sigamos, siempre sigamos.

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad del autor.

Publicado el miércoles 24 de marzo de 2021

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