Caso efedrina: declaró el teniente Atrio «soy victima de una interna policial»

Publicado: 17 de noviembre de 2008

Declaró el Teniente lujanense Darío Atrio. Un hombre de porte atlético y pelo castaño declaró en el juzgado federal de Campana. Estaba de pésimo talante y en su rostro se advertían las huellas del insomnio. Durante la madrugada del miércoles había sido detenido junto al agente del Servicio Penitenciario Miguel Lombardi y la funcionaria municipal Cristina Otero por su posible vinculación con el triple crimen. Está es una parte de su declaración. (Haciendo click en el titulo los detalles).

Parte de la declaración de Atrio.

–¿Qué vínculo mantiene con Hernán De Carli? –le disparó el juez Federico Faggionatto Márquez, en referencia al propietario de la fastuosa quinta que la policía había allanado ese mismo día.

–Ninguna. Jamás lo he visto –dijo el oficial.

–¿Y el vehículo Dodge RAM en la que solía desplazarse?

–Lo vi alguna vez.

–¿Y jamás atinó a revisar sus papeles, dado que se desplazaba con una patente en la que sólo decía Swat?

–No. Porque me habían dicho que era de una persona muy poderosa.

–¿Conoce la mansión ubicada en la calle Los Tilos al 400?

–De afuera. Es una casa muy elegante.

–¿Conoce a Manuel Poggi (el funcionario local detenido por alquilar un galpón en donde se hallaron tambores con restos de efedrina)?

–No.

–¿Nunca estuvo con él y otras personas en una estación de servicio GNC situada en las afueras de General Rodríguez?

–Nunca estuve allí.

Entonces el juez, ya al borde de la exasperación, quiso saber si Atrio tenía un vehículo propio. Éste respondió que sí.

–¿Qué tipo de combustible usa? –insistió Faggionatto.

–Funciona con gas.

–¿Y no conoce una de las dos estaciones de servicio GNC que hay en su ciudad?

–Sí. Pero nunca me reuní allí con nadie.

–¿Al menos, conoce el lugar en el que fueron hallados los tres cadáveres?

–No. Nunca voy a la zona rural.

Atrio luego dijo que es víctima de una interna policial; al respecto mencionó a un teniente llamado Ocampo, quien –según sus dichos– desea reemplazarlo como jefe de calle.

En este punto, el juez tragó saliva: Ocampo es un instructor de la causa enviado por la Procuración. La indagatoria al policía culminó a la tres de la madrugada del viernes.

Lo cierto es que en otra madrugada, unos ladridos arrancaron de la modorra al sereno de un quincho situado en el kilómetro 11 de la ruta 6; en ese instante también escuchó el sonido de unos autos que aminoraban la marcha; se trataba –al parecer– de la ya famosa Dodge RAM y una camioneta policial. Sus únicos ocupantes –dos tipos vestidos de negro– departieron durante un rato a la vera del camino y, cada tanto, volteaban la vista hacia un zanjón. Bajo la tenue luz de la luna, el cuidador –cuyo apellido es Molina– pudo reconocer al oficial Atrio. La descripción de su acompañante coincidía con los rasgos del acaudalado De Carli. Tal vez un inexplicable sexto sentido hizo que Molina fotografiara la escena con su celular. Eran las 4.30 de la mañana del miércoles 13 de agosto. Unas 12 horas después serían encontrados allí los cadáveres de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina.

El terror ante semejante coincidencia hizo que Molina pusiera los pies en polvorosa. Pero antes relató lo ocurrido a un periodista de General Rodríguez; éste incluso habría visto la fotografía en cuestión. A la vez habría visto un extraño encuentro celebrado en la ya mencionada estación de servicio; sus participantes: De Carli, Bina, Ferrón, el mexicano Rodrigo Pozos Iturbe –otro de los detenidos–, Poggi y la funcionaria Otero. Tal cónclave habría tenido lugar durante abril del 2008, y fue confirmado por los empleados. El periodista –que declaró el 11 de noviembre como testigo de identidad reservada– también dijo que Bina y Rodrigo fueron vistos al volante de esa RAM. Ahora la policía intenta localizar el paradero de Molina. La foto que atesoraría su celular –en caso de existir– sería una clave para resolver el hecho. En tanto, De Carli –tal como prometió su abogado, Gustavo Heschem– regresaría de Miami el próximo lunes para aclarar su situación. Sin embargo, en el juzgado de Campana están convencidos de que, durante el allanamiento, el empresario estaba oculto en algún recoveco secreto de su propiedad.

El falso agente. Aunque sea prematuro decir que De Carli esté involucrado en el triple crimen, no se puede negar que Faggionatto es un verdadero descubridor de talentos: en 1994 –de acuerdo a sus allegados– el hombre que ahora está bajo la lupa de la investigación “no tenía dónde caerse muerto”; ahora, además de su mansión bonaerense –con 15 habitaciones, una muralla perimetral con 12 cámaras, pileta con olas artificiales y un salón de fiestas bajo tierra–, posee otra propiedad en Bal Harbor valuada en más de 5 millones de dólares, además de varios vehículos, entre los que resalta la ya célebre Dodge RAM (100 mil dólares) y una Harley Davidson de colección (70 mil dólares), entre otros bienes. Un ejemplo de movilidad social. Pero exagerado, sin duda, para alguien que sólo se dedica a la venta minorista de cortadoras de césped en un local ubicado en Bernardo de Irigoyen al 500. Esa ocupación, junto a su fervor por las armas y la manía de ostentar credenciales de la DEA y del grupo Swat, son los únicos detalles que han trascendido sobre su vida. De Carli, divorciado y sin hijos, ha cultivado a lo largo de sus 38 años un riguroso bajo perfil que incluye una vida social casi secreta. Tanto es así que sus vecinos de General Rodríguez sólo lo han visto a bordo de sus vehículos, y en compañía de su guardaespaldas, el carcelero Lombardi. También se sabe que durante gran parte del año reside en los Estados Unidos en donde obtuvo la codiciada green card. Y que, en los últimos ocho años, salió 58 veces al exterior, siendo –además del país del norte– sus destinos más usuales España, Brasil, Portugal, Perú y Chile. También trascendió que en algunos de esos países tuvo ciertos contratiempos: en Portugal habría sufrido un arresto y –según una versión– tendría un pedido de captura librado por la Justicia española. En todos esos países habría desarrollado su verdadera actividad: la importación exportación de insumos de computación; en otras palabras, el contrabando en gran escala. De hecho, uno de sus socios, Federico Braga, tendría su extradición pendiente en España, mientras que otro socio estaría detenido en la capital portuguesa.

Fuente: el argentino.com