A 28 años del asesinato del Padre “Cacho Zaccardi”

Publicado: 14 de noviembre de 2020

«Veintiocho años no es nada… o es mucho…

Veintiocho años de impunidad. Veintiocho años de silencio y de complicidad.

Todo quedó en la nada. Esa nada en la que se retuercen las conciencias de aquellos que cerraron los ojos, silenciaron su voz y taparon sus oídos. Como si esa actitud los liberara de la responsabilidad.

Es verdad, la justicia terrenal no quiso, pero, aquellos que confiamos, sabemos que hay una justicia a la que nadie escapará.

Algunos se llevaron el silencio a la tumba. Otros siguen con su silencio cómplice acrecentando esa sensación de impunidad.

La muerte del Padre Cacho Zaccardi, ha sido durante muchos años, secreto de estado. Y desgraciadamente los seguirá siendo.

Muchas preguntas sin respuestas. Demasiado silencio, demasiado dolor.

¿Quiénes ejecutaron ese plan perverso para matar, con sello mafioso, a un hombre de Dios y del pueblo?

¿Quiénes acallaron la voz de los sin voz?

¿Por qué la complicidad del silencio? ¿Por qué ensuciaron su imagen para tapar el real motivo del asesinato?

¿Por qué el silencio y la falta de pedido de justicia por parte de sus pares?

Preguntas y más preguntas. Todas sin respuesta.

Esa falta de respuestas es la que nos llena de bronca, porque en realidad las respuestas estuvieron, pero no donde deberían haber estado, en la justicia. Las respuestas se quedaron en la conciencia, en el silencio de muchos.

¿Qué era eso tan importante que Cacho sabía y que “alguien” no quería que se supiera?

Podríamos ensayar varías hipótesis, algunas más fuertes que otras.

Hace unos años, realizamos un trabajo periodístico, e hicimos varias entrevistas a personas cercanas a Cacho. Una de ellas, un gran amigo de él, el Padre Roberto Gieco, nos decía: “Cacho era tremendamente solidario. Un hombre que se entregó por la justicia, y lucho por la justicia. Previamente, durante la dictadura militar, casi le cuesta la vida. El obispo de aquel entonces lo salvó, Mons. Tomé. Porque dio la cara por él, no lo dejó solo”.

Creo que esta frase resume lo que muchos pensamos. Aquellos que saben leer entre líneas no necesitan muchas explicaciones.

“No lo dejó solo” Sin lugar a dudas que las grandes crisis que padecen los sacerdotes, muchas veces, se potencian por la soledad. La soledad en todos sus sentidos. No una soledad buscada, sino padecida.

Cacho fue asesinado bajo el gobierno episcopal del polémico Mons Emilio Ogñenovich, y bajo el gobierno corrupto de Carlos Menem.

La imagen de Cacho Zaccardi fue borrada de la memoria de varias comunidades.

En Villa Soldati ya nadie lo recuerda. En el Movimiento por un Mundo Mejor, ni siquiera es bueno nombrarlo. ¿Por qué? ¿A quién le convenía que el tiempo se hiciera cargo de la impunidad?

De todas maneras, más allá de las broncas y sospechas, es importante esta fecha, porque recordamos al Hombre, al Cura, al Amigo de todos.

Creo que ante el dolor es bueno, y sano para el corazón, rescatar lo que Cacho nos dejó como legado.

Cacho pasó haciendo el bien. De esta afirmación pueden dar testimonio en Luján y en toda Latinoamérica.

Cacho entendió todo lo que significa ser cura.

El padre Roberto Gieco lo describe muy bien: “Era un hombre íntegro, sincero, a veces hasta demasiado sincero, porque no andaba con demasiadas vueltas. Era fuerte, con un corazón muy grande, muy entregado a lo que él sentía y experimentaba;… la fe en el seguimiento de Cristo, el amor al pobre.

Era indomable a veces. Cuando él quería una cosa se jugaba todo con mucha fuerza, con mucha fe.

Un corazón muy grande, muy noble, muy sensible. Por ahí las broncas le jugaban una mala pasada, pero era la parte de las limitaciones que todos tenemos.

Un hombre que todavía estaba en condiciones de poder trabajar mucho, entregarse. Dios habrá querido que se entregara así, no? Para que surgieran otras semillas, otras plantas”.

Se dice que el guerrero muere dos veces. La primera cuando deja de respirar, y la segunda cuando los amigos lo olvidan.

El recuerdo para un hombre de Dios, para que no muera dos veces.

Por su enseñanza, y entrega, no olvidamos! Justicia!

“Gracia, paz y alegría” José Lindor “Cacho” Zaccardi, 15/11/92 – 15/11/2020».

Por Gastón Colaprete.

PD:Las opinion de este articulo es exclusiva responsabilidad del autor.