¿Autoridades versus San Francisco y Udaondo?
OPINIÓN
Por Néstor Fabián MIGUELIZ (*)
Una jornada memorable vivió la comunidad local, con la definitiva ubicación y depósito de la urna que contiene los restos del patriota Enrique Udaondo, factótum de nuestro “Museo de Luján”.
El numeroso público interesado acompañó el respetuoso acto que programó la “comisión de homenaje” -que el Cuerpo Deliberativo local le encargó conformara la dirección del museo- integrándola con aquellas asociaciones que cooperan desde hace años con el establecimiento. Los ediles y la dirección, por unanimidad, se hicieron eco de un primigenio proyecto de la tradicional entidad del voluntariado (“los amigos”), acercado a las autoridades allá por febrero-marzo de 2008.
Más adecuadas no pudieron resultar las palabras que -destinadas a la homilía de la misa- pronunció el sacerdote franciscano (Fray Marcos Ibarra), al evocar a la figura del gran hacedor homenajeado. Lo hizo el celebrante con un lenguaje tan llano, tan desprovisto de formalidad y ataduras, que llegaron hasta conmover: una construcción intelectual tan adecuada y pedagógica como para pregonar la colectividad, la solidaridad y la convivencia, llamando a desterrar ese individualismo y egocentrismo que destruye. Qué mejores términos para evocar a Udaondo que solidaridad y caridad … contraponiéndolos al egoísmo individualista de estos tiempos ¡; qué mejor que traer a colación el ejemplar seguimiento que -del “poveretto d’ Asissi”- prácticó en vida nuestro Don Enrique …!. El otro aspecto sustancial del sermón lo conformó la audaz y comprometida convocatoria a ejercer el inminente sufragio con responsabilidad y madurez cívica y social.
El clima no sólo no se disipó con los contenidos de la celebración eucarística, sino que se acentuó en cuanto comenzaron a apreciarse -dulcemente- los sones que Johann S. Bach (que era un ferviente practicante y seguidor luterano) dejó escritos para una oportuna ceremonia fúnebre como la que protagonizamos hoy. Las voces y los instrumentos de Arsis recrearon la “Actus Tragicus”, transportándonos emotivamente hacia pensamientos en el más allá, remarcando así lo acertado de la elección del acompañamiento musical. El público respetuoso y conmovido contuvo el aplauso (no se trataba de un concierto, sino de una ofrenda musical in memoriam) que, sin dudas, los jóvenes del ensamble se merecieron sobradamente.
La lamentable nota discordante la dieron las autoridades de turno. El gobernador-“candidato testimonial” no se habrá enterado nunca de todo lo que Udaondo hizo por el patrimonio cultural bonaerense. Lo sabrá alguna vez ?. El titular del Instituto Cultural salió del paso con una nota de estilo. Desconocemos si se enteró ya que el pabellón “Museo del Transporte” (sí señora lectora, ese impresionante edificio a la derecha de la Avda. Nuestra Sra, de Luján, conteniendo a la recova, con miles de m2) pertenece también al museo que está bajo su órbita y conducción política. Resulta decepcionante la ausencia de la Intendenta Municipal-“candidata testimonial”, en un homenaje a alguien tan significativo para la identidad y pertenencia local (sí, leyó bien: identidad,… y pertenencia,… lujanenses).
La directora del museo cayó en una profunda confusión. Desubicadamente, dedicó más de la mitad de su discurso leído a intentar un balance de su gestión, cuando la ceremonia fue pensada y ejecutada por todos los demás actores (muchos y distintos, concejales de diversas extracciones, entidades voluntarias, sectores políticos, los cantantes y músicos, empleados, los que construyeron el nicho, los que donaron el mármol-lápida, etc.) exclusivamente para otorgar homenaje póstumo a Enrique Udaondo. Y el pretendido balance consignó olvidos serios y un agradecimiento a la presunta colaboración de una entidad (de dudosa existencia y formalidad). Una conferencia de prensa, abierta a las inquietudes de los diversos medios locales -que incluya un debate sobre el futuro museal- sería lo aconsejable e ideal para el cumplimiento de esa carga pública.
Lamentablemente, las autoridades no se percataron -por ausencias, o por distracciones, las presentes- de los llamados del celebrante hijo de San Francisco.
A pesar de todo, descanse Udaondo en Luján en paz, y que brille para usted la Luz que no tiene fin.
Luján, junio 6 de 2009.
(*) Néstor Fabián Migueliz. Abogado, voluntario museal