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En las últimas semanas fuimos testigos de singulares hechos que provienen del mundo del futbol, pero que nos pueden servir de inspiración para el resto de nuestra realidad social.

Varios equipos de diferentes categorías del futbol, festejaron su ascenso y otros sufrieron el camino descendente en el intrincado devenir del profesionalismo argentino. Como cabe esperar, las tribunas fueron un gran termómetro de la situación de cada grupo. Hubo festejos y algarabía para los triunfadores convertidos en héroes del olimpo y tribunas casi vacías para aquellos que bajaron al hades.

Hasta aquí nada nuevo en una realidad social que premia al Éxito y sanciona duramente al Fracaso. Pero algo diferente paso aquí en lujan, algo disruptivo de lo socialmente aceptado y profundamente contracultural, es decir a contra mano de lo que dictan las normas. Ese día el “Carlos V” estuvo lleno, desbordante de alegría, globos, papelitos y fuegos artificiales… pero Flandria había descendido, luego de 2 años en una categoría nacional.

¿Qué paso? ¿Acaso no se merecían el silencio, el murmullo y el castigo?

El paradigma social reinante se verifica en ideas como “ganar a cualquier precio”, “buscar solo resultados”, “echar la culpa al otro”, es el “sálvese quien pueda” incluso a costa de mi vecino, es que “el fin justifica los medios”. Y el futbol, como hecho social, es un muy buen alumno del sistema: Una máquina de triturar entrenadores, jugadores y proyectos. Y una máquina de facturar millones de dólares por minuto, de exprimir cada centímetro de sueños e ilusiones de miles de millones de amantes de la pelota en cada rincón del planeta.

Así las cosas, al analizar lo sucedido aquella tarde en Jauregui, aquel fue un hecho que no puede pasar desapercibido. Se festejó y agradeció a un plantel y a un equipo directivo por un trayecto que duro 3 años, por un recorrido de aciertos y fracasos, de ganar y perder. El agradecimiento es un auto-pago que la institución, los socios y los hinchas se hicieron por el amor y el aguante pulsional a sus colores. Eso es lo que el futbol motoriza como ninguna otra fuerza global: La Pasión por una idea que es una representación social que remite a la infancia, a la familia, a los hijos, a los sueños personales fundidos en la fragua colectiva.

¿Por qué tanto miedo a perder, a fracasar? Para no complejizar este escrito, solo les cuento que la Ciencia ha comprobado antropológica y cognitivamente que el ser humano evoluciono gracias al mecanismo de ensayo y error, es decir el fracaso en la tarea nos enseña. El error multiplica y exige nuevas conexiones neuronales y motoras. Repito aprendimos y aprendemos del error. El desafío está en transformar el error y el fracaso en un aprendizaje que nos lleve a un nuevo estadio cognitivo y humano superador. Un deportista de alto rendimiento nos es aquel que no se equivoca, sino aquel capaz de motivarse no solo por el éxito, sino también por el fracaso. Aquellos que “se agrandan” ante la adversidad.

Los aprendizajes al igual que la pasión se contagian y multiplican. La Institución aprendió, los jugadores aprendieron, los entrenadores también y los hinchas hicieron un Master en herramientas para disfrutar logros y trascender tristezas y derrotas. El sencillo pero eficaz concepto del Coaching Ontológico: “Ganar-Ganar: Ganamos todos”

Si la época no prioriza el proceso ni soporta la espera, es porque necesita que todo sea ya, que todo se mida y se facture, que el resultado sea mostrado en marquesinas y escaparates globales. Por otro lado el sistema triturando y desechando personas, alecciona y educa al resto: “Sin éxito no servís… chau”. El próximo redoblara esfuerzos para agradar, ganar y ser aplaudido, proyectando y eternizando la espiral de exitismo y exigencia.

Frente a esta realidad macro, esta lo pequeño, lo sutil de un pase, de una gambeta de un abrazo en la tribuna, de taparse el sol de frente en el alambrado, es decir el micro-cosmos de relaciones interpersonales que el futbol genera. Y entonces, por fin logramos comprender la fiesta de aquel día, como encuentro y celebración de vecinos, padres, amigos, hijas, abuelos y abuelas. Debemos seguir ese ejemplo de festejar-nos, de encontrar-nos con el otro, en un espacio-tiempo de disfrute, frente a tanta pálida y desencanto.

Aunque incomprensible y molesto para el sistema dominante, aquellos que amamos al deporte si sabemos lo que paso aquella tarde de finales de abril….

Lic. Esteban Gomez

Psicoanalista UBA

MN 25591 MP 25668

Publicado el domingo 13 de mayo de 2018

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