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En este día del Padre me anime a escribir algo. Para comenzar esta narración me ubico en julio de 1.997, fecha en que mi esposa decidiera irse de nuestra casa. Teníamos dos hijos varones; uno de 12 años y otro de 6. Ellos quedaron conmigo. Por varios días no vieron a su mamá, hasta que los llevé a casa de su abuela materna, que era en donde ella estaba. Ese día fue muy duro para mí, y ellos estuvieron ahí un par de horas.

Los chicos nunca iban a quedarse con la mamá. Ella solo los veía cuando yo los llevaba a dónde se encontrara porque la extrañaban mucho.

Hice de papá y mamá, es lo que me toco y no me arrepiento. Me dediqué exclusivamente a ellos: escuela, fútbol, catequesis, fiestas y eventos. Siempre conté con la ayuda de mi papá y de mi familia. Yo estaba con los papás de la escuelita de fútbol Santa Elena vendiendo pizzas, patys y rifas para comprar pelotas y botines. Me postergué por años, pero de eso tampoco me arrepiento y ellos lo saben. Económicamente descuidé un poco mi negocio y me fundí.

En el año 2000, gracias a Dios, comencé a trabajar en la cooperativa eléctrica. Me levantaba a las 5 y me acostaba a las 24 aproximadamente. Me mataba haciendo horas extras, pero no sentía cansancio, al contrario, estaba feliz por mi intento de criarlos.

No fui perfecto y cometí muchos errores. Tal vez les di de más, queriendo compensar lo que les faltaba. Mi hijo mayor adolescente, lógicamente tuvo un gran cambio de conducta. El más chico, tenía problemas bronquiales y el tratamiento en Buenos Aires duró varios años, pero salimos adelante y quedó bien de sus pulmones. Los médicos, mis vecinos, que a veces me alcanzaban, y Dios, pusieron sus manos. Yo me aferré mucho a la religión católica y gané fortaleza para enfrentar esa situación, y el resto de los años de crianza.

Mis hijos formaron familias, pero los dos se separaron. Ambos me dieron nietos y nietas que permiten mantenerme activo y feliz como abuelo. Uno terminó el secundario y el otro no, pero yo sigo insistiendo para que termine la escuela. Algún día lo va a lograr. Ahora estoy extrañando mucho a mis nietos pero se que todo esto va a pasar y la familia seguirá unida.

Me animé a escribir por pedido de mi psicólogo, y por todos aquellos padres que, como yo, tuvieron que hacer “tripa corazón” y salir a la cancha solos. Para ellos ¡feliz día!

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad del autor.

Publicado el sábado 20 de junio de 2020

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