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El inicio de un nuevo año, si bien es una convención, siempre ofrece un motivo para programar y organizar las tareas a encarar, tanto en lo personal como en lo colectivo.
En estos días, pues, cada uno va poniendo en marcha su agenda de acciones para el 2021. Y también como comunidad nos debemos plantear qué objetivos nos proponemos lograr en este año, y qué haremos para conseguirlos.

Pocas veces como en esta oportunidad, al menos en términos comunitarios, nuestros propósitos adquieren el carácter de desafíos. No puede ser de otra manera: la humanidad se encuentra atravesando –sin ninguna certeza sobre cuándo será su fin– una crisis sanitaria global, por la pandemia producida por el COVID-19. Todos los países sufren el impacto, con mayor o menor gravedad. La multiplicación de los contagios, la pérdida de vidas humanas, el enorme esfuerzo de los sistemas de salud, la retracción de las economías y el crecimiento de la pobreza son problemáticas que van repitiéndose en todas las latitudes.

Obviamente, la capacidad de respuesta de los países a esta situación no ha sido la misma. Ni tampoco los han sido la aptitud y la eficacia de los gobiernos al planificar y ejecutar las acciones necesarias para mitigar los efectos de la pandemia. En esta materia, lamentablemente la Argentina no se encuentra entre las naciones con mejores resultados en sus políticas públicas.
Es entonces que surge la imperiosa necesidad de proponernos cómo gestionar la actual crisis sanitaria, con sus consecuencias económicas y sociales. La pandemia no debe ser una excusa permanente de los funcionarios para justificar sus desaciertos, o incluso sus desvíos en el cumplimiento de las normas vigentes, sino el marco de realidad a reconocer para desde ahí pensar y hacer lo que hace falta.

En ese sentido, en lo local se ha desperdiciado el primer año de la actual gestión en cuanto a plantear propuestas de soluciones a las grandes asignaturas pendientes que tiene el Municipio con las vecinas y los vecinos de Luján. La búsqueda de consensos en los temas centrales, aun demorada por un gobierno comunal desorientado y acostumbrado a las excusas, debe ser una prioridad para todos los hombres y las mujeres que desempeñamos responsabilidades públicas.

En la agenda de nuestras ocupaciones para este año no deben faltar:
 La planificación de una reforma política e institucional que le devuelva representatividad y credibilidad a las instituciones municipales. Debe avanzarse con un programa de descentralización, que asegure una mayor cercanía entre los servicios del Estado local y la comunidad. Vecinos y vecinas tienen derecho a una respuesta más próxima para sus demandas, y eso se logra con una gestión más cercana geográficamente, y más autónoma en cuanto a su capacidad de acción.

 La implementación de mecanismos de control que impidan la corrupción y la malversación de los recursos públicos. Debe haber un monitoreo permanente sobre las compras y las contrataciones que realiza la Municipalidad, para evitar el fraccionamiento de los procedimientos, la elusión de la licitación pública como forma de selección de proveedores, el direccionamiento de las adquisiciones y el ocultamiento de la información.
Los funcionarios deben ser decentes, pero también hay que controlarlos para que todas sus acciones sean legales.

 El diseño de una reforma tributaria centrada en la equidad. El Municipio arrastra la misma matriz recaudadora desde hace décadas. La incorporación de nuevas responsabilidades (en salud pública, en seguridad
ciudadana, en cultura y en educación, por ejemplo) no ha estado acompañada con la proporcional asignación de recursos. La financiación de esa inversión hoy es soportada por la comunidad en forma inequitativa, y administrada de modo ineficaz. Eso ha llevado a un enorme incumplimiento fiscal: en 2019 la cobrabilidad municipal era el 37%, y en 2020 bajó al 30%.
Debe planificarse una política que permita imponer a cada contribuyente sus obligaciones según su capacidad de pago, y al mismo tiempo regularizar las deudas de los grandes evasores.

 La puesta en marcha de un proceso para la discusión del desarrollo estratégico de Luján. En 2019, después de veinte años, se logró la puesta en vigencia del nuevo Código de Ordenamiento Urbano (COU). Como dijimos en ese momento, aquello no era la finalización del proceso de planificación del Luján que queremos y necesitamos, sino apenas el punto de partida. Hoy, más que nunca, hace falta generar ámbitos de participación en los que toda la comunidad debata y proponga las líneas del desarrollo estratégico local.
Ahí deberán poder encontrar la oportunidad de expresarse todos los vecinos y las vecinas. Deben ser espacios plurales y que se beneficien con aportes multidisciplinarios, de modo que todas las opiniones y los intereses, aun cuando parezcan contradictorios, sean contenidos e incluidos. Luján no pude avanzar hacia el futuro con improvisaciones.

 El diseño de un nuevo modelo de gestión municipal. La administración actual, lejos de su discurso, en los hechos reitera los vicios y las costumbres tradicionales de la política local. Tal vez como resultado de la compleja red de alianzas que lo llevó al poder, terminó incrementando la planta de funcionarios políticos. Al mismo tiempo, asignó a cada socio un área concreta de la gestión, como si fuera un coto de caza exclusivo, dejando de lado cualquier posibilidad de trabajo transversal e interdisciplinario.
Esa es una de las causas centrales de la falta de respuesta adecuada a las necesidades de nuestra comunidad. Y también el origen de muchas de las rencillas internas que paralizan a la gestión. En un Estado municipal como el actual, con las complejidades de las funciones que tiene a su cargo, se impone el trabajo en equipo de todos los funcionarios, encarando programas en los que compartan responsabilidades distintas áreas, y con un tablero de comando desde el que se haga un seguimiento de los logros obtenidos y también de los desvíos, para practicar las correcciones que sean necesarias.
Solo así pueden esperarse respuestas adecuadas del Municipio a las urgencias cotidianas en materia de seguridad, asistencia a los sectores sociales más vulnerables, salud pública y control comunitario. Nunca debe perderse de vista que la ineficacia y la ineficiencia de los funcionarios es una malversación de los recursos que la comunidad les confía.

El punteo precedente solo propone una agenda de cuestiones a encarar, planificando metas y acciones a corto, mediano y largo plazo. No es un listado excluyente de otros temas.
No hace referencia a los deberes diarios de la Municipalidad, aquellos que constituyen sus obligaciones tradicionales.
Pero sí es seguro que, si no se trabaja en esos ejes, nunca se logrará tampoco una adecuada prestación de los servicios municipales esenciales, como puede observarse en la actualidad.

Por eso creo que en 2021 nuestro principal desafío debe ser alzar la cabeza, mirar hacia adelante e imaginar el futuro de bienestar que deseamos como comunidad. Y pensar cómo lo lograremos, qué pasos vamos a dar para eso. Qué debemos hacer. Qué vamos a hacer.

La realidad difícil y compleja de hoy no debe limitar nuestra capacidad de respuesta, sino plantearnos condiciones para agudizar el ingenio, estimular la creatividad, utilizar eficientemente los recursos y –sobre todo– multiplicar los esfuerzos. Solo así estaremos a la altura de los desafíos de nuestro tiempo.
Únicamente de ese modo estaremos cumpliendo nuestro deber.

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad del autor.

Publicado el sábado 13 de febrero de 2021

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