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Las calles están vacías, las ciudades parecen dormidas, “la época oscura” está aquí otra vez. Como una sombra se esparce por todos lados y hace sentir “la falta de aire de libertad”. La actualidad se ha vuelto una situación de emergencia sanitaria, que por un lado está diezmando a la población mundial y por otro, nos está dando la posibilidad de pensar y reflexionar sobre lo que realmente importa en esta vida.

Mi montaña rusa

Me han preguntado en varias ocasiones cómo me siento en esta cuarentena, cumpliendo el aislamiento social obligatorio. Me siento a reflexionar y no puedo describir una sola emoción o sentimiento. He pasado por muchos momentos, situaciones y estadíos.

Mientras escribo busco en mí y lo primero que me pasa es que me siento atrapado con la situación de la escuela. No logro adaptarme a esta nueva forma de estudiar. La verdad, no me gusta. Quiero volver a clases, estar en vivo y directo frente a los profes y volver a jugar al ajedrez en la biblioteca con mis amigos de otros cursos en los recreos. La escuela a distancia o la educación virtual no me agrada. No hallo la forma de ordenarme, las horas no parecen las mismas de siempre y me harta sentir que debo cumplir.

También es cierto que por momentos, me siento muy tranquilo, “yendo de la cama al living”, aunque sintiendo el encierro… como dice Charly García. Entonces esta situación se vuelve una montaña rusa, a veces subo y a veces bajo… a veces amo y a veces no. La música es mi refugio, la batería y mi profe… más de una vez mi salvación. Y es que estoy más que agradecido por todo lo que tengo. Pero no dejo de saber que hay personas, incluso muchas muy cercanas a mí que la están pasando muy mal. Y eso, me angustia.

La cuarentena es un aula

Pienso, ¿qué tenemos que aprender? Que no es importante un 7 o un 10, sino si mi compañero está bien, si todos tenemos comida, si tenemos la posibilidad de estar en paz con nosotros mismos… Elijo pensar en la vida como en la música. Ritmo, armonía y melodía.

Digo, la vida es como la música, hay música nostálgica o triste, música súper alegre, música sentida, música que te vuela la cabeza y te lleva a momentos inolvidables, al igual que las situaciones de la vida. Y visto desde ahí, hasta me parece bueno y lindo. Y esa montaña rusa deja de ser tan vertiginosa para ser más agradable.

No quita eso, que muchas veces pierda el control y me invada la incertidumbre, como a muchos, y me pregunte cuándo volverán las clases, cuándo podré salir a caminar sin problema, sin taparme la boca y más aún, cuando podremos volver a encontrarnos con quienes amamos, comer juntos, festejar y abrazarnos.

Esa es mi mayor reflexión. Ahora que nos han prohibido el abrazo, el contacto, que nos está vedada o prohibida toda demostración de afecto con los demás por una cuestión de “cuidado”, no me gustaría que se nos haga costumbre la falta de demostración. Si hay algo que tenemos como sociedad, es que somos afectuosos y demostrativos y eso, creo, es un gran tesoro y algo que no debemos perder. Y que siempre, por sobre todas las cosas, esté primero la vida.

“Say no more”

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad del autor.

 

Publicado el viernes 5 de junio de 2020

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