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Investigar y escribir sobre la historia reciente tiene para las y los historiadores una serie de particularidades, sobre todo si lo que se investiga refiere a la ciudad en la que se vive y transita. La historia reciente tiene la particularidad de mantener su persistencia en nuestro presente porque aquello acontecido hace tan solo unas pocas décadas aún impacta en nuestros días.

Investigar con ética y compromiso

El tema que hoy nos convoca, los 45 años del golpe de estado del 24 de marzo de 1976 que dio inicio a la última dictadura cívico militar, es aún hoy una marca no solo en quienes fueron sus víctimas, en sus familiares y en los sobrevivientes sino en una sociedad que durante largos siete años estuvo bajo el control de las Fuerzas Armadas que
implementaron un plan represivo y una política económica que dejó profundas huellas en el país y en cada una de sus ciudades, también en la nuestra, en Luján.

Elegí dedicarme al estudio de la década de 1970 en nuestra ciudad allá por mediados de los años 2000 como parte de un compromiso profesional, ético e ideológico. Recuerdo siempre lo que Dardo Sebastián Dorronzoro, uno de los desaparecidos de nuestra ciudad, dijera sobre ella: “ciudad sin luz, ni remordimientos”. Desde que leí por primera vez aquellas palabras pensé que era necesario investigar sobre lo sucedido en Luján antes y durante la
dictadura. Comencé a hacerlo junto con Nicolás Luna, con quien publicamos conjuntamente el resultado de nuestras investigaciones.

Juventudes protagonistas

Re-memorar y re-historizar cada 24 de marzo es dar un paso más en el conocimiento sobre lo que sucedió en nuestra ciudad durante su pasado reciente que aquí brevemente reseñaremos.
Pensar los primeros años ‘70 en Luján significa reconocer una ciudad en la que las y los jóvenes fueron protagonistas en sintonía con lo que sucedía en el país, en la región y en el mundo.

Llenaron nuestras calles e hicieron oír con sus voces de rebeldía el reclamo por una sociedad justa e igual. Muchas y muchos de ellos se fueron encontrando y formando en espacios como La Canaleta Amarilla, del inolvidable Isidoro González, y en la casa de Dardo Dorronzoro, en la cual brindaba talleres de poesía. También el acercamiento con sindicatos como FOETRA, sindicato de los trabajadores telefónicos, marcó para muchas y muchos jóvenes el inicio de su militancia. Militancia que en nuestra ciudad quedó expresada en distintos ámbitos como el estudiantil a partir de la creación de la Federación de Estudiantes Luján (FEL) y de agrupaciones políticas como la Juventud Peronista, la Juventud Trabajadora Peronista y la Juventud Guevarista. Las escuelas secundarias de nuestra ciudad, sus fábricas y sus barrios, entre ellos El Quinto, Constantini, Los Gallitos, La Loma y el barrio Lanusse, fueron espacios de militancia comprometida para las y los jóvenes organizados de nuestra ciudad.

Militancia que fue objeto de persecución y represión primero por parte del Comando Nacionalista Jordán Bruno Genta, que comenzó a accionar en nuestra ciudad hacia fines de 1975 secuestrando y condenando a muerte a militantes, muchos de los cuales luego fueron detenidos desaparecidos por la dictadura. En un comunicado de dicho Comando que circuló en nuestra ciudad pocos días antes del golpe de estado bajo la consigna “Dios, Patria, Hogar” se sentenció a muerte y se comunicó que se habían capturado correos y materiales de militancia. También se “decretó” la vigilancia sobre hombres y mujeres de nuestra ciudad que fueron expuestos a través de sus iniciales.

Cerrar, prohibir y reemplazar

Pocos días después de la circulación de aquel comunicado se produjo el golpe de estado. En aquel momento era intendente Humberto De Lucía, quien había sido elegido democráticamente en las elecciones de marzo de 1973. Candidato del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), había ganado las elecciones con el 52,2% de los votos. Se mantuvo en su cargo hasta fines del mes de mayo de 1976, cuando fue reemplazado por el intendente comisionado que nombró la dictadura: Silverio Pedro Sallaberry. Hombre de la Unión Vecinal, creada en 1972, ya había servido a gobiernos no constitucionales y militares como intendente comisionado. Así lo demuestran sus gestiones durante 1962-1963 y 1967-1972.
Entre las primeras medidas tomadas por las autoridades militares que revistaban en nuestra ciudad estuvieron la clausura de todas las sedes gremiales y partidarias, la prohibición de cualquier solicitada de carácter político y la clausura de la imprenta donde se publicaba Verdad, el periódico del Partido Socialista. Dirigentes sindicales fueron detenidos temporalmente, otros militantes fueron secuestrados, sufrieron torturas y luego fueron liberados. Muchos ante el avance de la represión debieron abandonar la ciudad e incluso el país.

Hasta el momento de la designación de Sallaberry como intendente se habían producido secuestros en Luján, pero no seguidos de desaparición. Esto cambió a partir de su designación. Pocas semanas después comenzaron los allanamientos y secuestros en las viviendas de varios militantes. El accionar que condujo al secuestro y desaparición de muchos de ellos denota dos momentos a lo largo del año 1976 que fueron resultado de la organización y sistematicidad del plan represivo.
Entre los primeros días de junio y mediados del mes de julio fueron secuestradas y secuestrados los militantes locales de Juventud Guevarista y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) mientras que entre fines de agosto y septiembre del mismo año fueron secuestrados y desaparecidos los militantes de la Juventud Peronista y de la Juventud Trabajadora Peronista. Y el 12 de mayo de 1977, las fuerzas represivas realizaron un operativo en la localidad de Cortines en la que fueron secuestrados y desaparecidos militantes del PRT que desde fines del año anterior habían montado una imprenta del partido.

Disciplinar mentes y voces

A los secuestros y desapariciones se sumó la presencia y el control militar en las fábricas de la ciudad. En un periódico local se informaba a principios de abril de 1976 que en “los distintos establecimientos fabriles que integran el cordón industrial lujanense observamos -en muchos de ellos- la presencia de cierto número de efectivos militares fuertemente armados en la entrada, adyacencias e interior de los mismos” (El Civismo, 15-4- 76). Esta presencia militar fue parte del disciplinamiento sobre los trabajadores que la dictadura impuso en todo el país. Aun así, hacia fines de la década de 1970 y comienzos de los años ’80 en varias fábricas y talleres, tales como Burco, Curtarsa, la ex Hilandería Luján e Ital Veneta, tuvieron lugar una serie de huelgas como resultado del atraso en el pago de los salarios, suspensiones y despidos de trabajadores. Los mismos fueron objeto de la inteligencia policial tal como consta en el archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) que fue cedido a la Comisión Provincial por la Memoria en el año 2000.

El sistema educativo, al igual que en el resto del país, también fue objeto de control en nuestra ciudad. Incluso la Universidad Nacional de Luján (UNLu) que había sido creada en 1972 fue cerrada siete años más tarde, en 1979, por decisión de la Junta Militar. Universidad que a partir de 1973 había tenido como rector a Emilio Mignone, quien renunció a su cargo ante el golpe de estado el mismo 24 de marzo de 1976. Luego de dos breves intervenciones militares, Gerardo Amado, otro de los hombres de la Unión Vecinal, fue nombrado rector por las autoridades militares. Tal como también consta en los archivos de la DIPPBA, la vigilancia policial recayó sobre quienes estuvieron al frente de la UNLu en distintos cargos a partir de su apertura en 1973, así como también sobre los estudiantes que se organizaron en agrupaciones. Vigilancia que se incrementó con motivo del cierre ante las acciones de docentes y estudiantes con el fin de evitarlo.

Nombres, historias y memoria

Podríamos profundizar y seguir largamente sobre la historia de Luján durante la dictadura. Pero en este día vayan estas líneas en MEMORIA de quienes lucharon por un país y una ciudad más justa y que la dictadura genocida nos arrebató.
Que sus nombres nunca se borren de la historia de nuestra ciudad:
Mónica Mignone,  Omar Santiago Siina,  Oscar Peralta,  Rubén Maggio,  Dardo Dorronzoro,  Graciela Erramuspe,  Raúl Aguirre,  Jorge Elischer,  Enrique Guerrero,  Julio Navarro,  Irma Tardivo,  Vicente Pascarelli,  Arnaldo Buffa,  Hilda Vergara,  María Torres,  Alcides Ramírez,  Carlos Fernández,  Ricardo Palazzo,  Pedro Núñez,  Juan Carlos Barroso,  Carlos Durán,  José Orellana,  Rosa Ma. Cano,  Georgina Simerman,  Raquel Mena y  Pablo Finguerut.
¡Son 30.000!
MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad de la autora

Publicado el miércoles 24 de marzo de 2021

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