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En 1850, cuando muere el Gran Libertador de América, en el mundo una nueva clase social se consolidaba en el poder político de los países imperiales; la burguesía, los empresarios, que combatían al viejo sistema absolutista y cambiarían el sistema político como lo conocemos hoy, la democracia burguesa. Era el último escalón que necesitaba para consolidarse como clase absolutamente dominante, en un país primero y luego en el mundo. Ya lo había hecho a nivel económico y cultural, impulsaba la ciencia a fuerza de los nuevos descubrimientos. Se extraían del medio ambiente más energía, minerales y alimentos y se producían más y mejores bienes y servicios.
También por esos años, en el viejo continente, Marx junto a Engels escribían el manifiesto comunista, porque en esto de estudiar la realidad, la pregunta de muchos era ¿cómo funcionaba esa nueva sociedad?, ¿cuáles eran sus principales características?, ¿qué fuerzas la dominaban y hacia dónde evolucionaría?
El manifiesto fue escrito por encargo de la Liga de los Comunistas, primera organización internacional de los trabajadores, y en esa declaración se sientan las bases del materialismo histórico, uno de los más grandes descubrimientos científicos de Marx junto al mecanismo de funcionamiento de la sociedad capitalista.

¿Alguno se preguntará que tendrá que ver Marx con San Martín?

No mucho. Salvo por una cosa: San Martín fue el gran libertador de América del dominio español, junto a Bolívar. San Martín combatió al absolutismo, luchó por el ideario libertario de la época y la liberación de los pueblos americanos. Marx y su inseparable amigo, Engels, sentaron las bases de un movimiento político que plantea la liberación de los oprimidos del mundo, del dominio del capital y los capitalistas. Marx describió cómo funciona la sociedad actual a distintos niveles: la relación del hombre con la naturaleza, el cómo se relacionan los hombres con respecto a la producción y distribución de bienes y por último cuales son las instituciones que regulan el “statu quo ante” establecido. A partir de allí, pudo dar algunas ideas con respecto hacia donde evolucionaría esta sociedad y cómo cambiarla.

La pregunta de muchos: ¿Hacia qué mundo vamos?

Kristalina Giorgeva, jefa del FMI, ha dicho recientemente que se necesita “promover una recuperación más inclusiva” (…)”aumentar la inversión pública en atención médica para proteger a los más vulnerables y minimizar los riesgos de futuras epidemias” para ir “hacia un mundo más verde, más inteligente y más justo en el futuro.” En el lanzamiento de una iniciativa llamada “El Gran Reinicio” junto al príncipe de Gales (3/6/2020, Telam). Una editorial del Financial Times aseguró: “la redistribución volverá a estar en la agenda (…) se requieren reformas radicales para forjar una sociedad que funcione para todos” (BAENegocios, 5/4/2020).
Alberto Fernández dijo que “un capitalismo que no sea más justo no es un buen capitalismo” y propuso ir hacia “un capitalismo para que ganen todos” (Telam, 4/6/2020)

Más allá de los buenos deseos, la realidad de las decisiones que dirigentes de esta talla toman, los contradice. Solo por mencionar las de nuestro presidente: viene pagando la deuda externa y acaba de comprometerse a seguir pagando en medio de la pandemia y de la crisis económica más grande de la historia, donde el FMI estima para 2020 una recesión mundial del 6,7 % y del orden del 10 % para América.
Habló de cobrar un impuesto a las riquezas pero no presentó el proyecto al congreso y el único que se presentó, el del FIT Unidad, fue votado en contra. Sacó un decreto para prohibir despidos, sin embargo estos suceden con el aval del ministerio de trabajo. Los jubilados reciben aumentos por decreto y por debajo de la pauta inflacionaria. Las paritarias salariales están congeladas. Habló de la estafa de Vicentín y propuso expropiarla, recuperar la empresa para los argentinos y tener soberanía alimentaria.
Nada de eso sucedió. En conclusión todas aquellas medidas que podrían hacer más “justo” al capitalismo no se toman y se insiste en aquellas que profundizan la desigualdad.

El sistema capitalista no se puede reformar

El coronavirus mostró con más crudeza que el capitalismo no se puede reformar. Fueron las grandes empresas, las multinacionales, las principales opositoras a las cuarentenas. Bajo el argumento de que perdían ganancias exigían y exigen a los gobiernos todo tipo de ayudas y subsidios. Ninguna medida de estas evitó el creciente número de desocupados, pobres y marginados. Lo curioso es que en esta crisis los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Y esto se debe a que el capitalismo se basa en la explotación de los trabajadores y del medio ambiente con un solo fin: maximizar las ganancias de pocos.

El marxismo explica el origen de las crisis económicas, que los economistas liberales y burgueses se niegan a reconocer. La crisis económica actual comenzó en el año 2007/8 hace ya más de 10 años. En aquel momento los bancos montaron una burbuja financiera (una estafa) que cuando explotó recurrieron al estado para salvarse. El gobierno de E.E.U.U. destinó millones y millones de dólares para salvar a los bancos de la quiebra, pero no hizo lo mismo con los millones de personas que fueron estafadas por los bancos. La economía mundial desde entonces está esencialmente estancada, con índices de crecimiento casi nulos y con un problema adicional: hay inflación. Es decir no hay consumo, pero los precios crecen igual. Un fenómeno llamado estanflación. Los economistas liberales no saben cómo resolverlo, y si bien predijeron el fin de la crisis en más de una oportunidad, la realidad demostró lo contrario. Larry Summers, un economista del establishment, le puso el nombre de “estancamiento secular”. Por eso sostenemos que esta crisis no empezó con el COVID 19, sino que se profundizó con él.

San Martín creía en el cambio

San Martín creyó profundamente que se podía cambiar la realidad de su época. No solo él, sino muchos otros patriotas. Pero además de combatir a los españoles, tuvieron que lidiar con aquellos “criollos” que no querían cambiar nada. Se quejó fundamentalmente de los ricos y terratenientes: “No quieren luchar”…”dicen que a ellos no les importa seguir siendo una colonia” y sentenció: “un día se sabrá que esta patria fue liberada por los pobres y los hijos de los pobres y los negros que ya no volverán a ser esclavos de nadie”.

Estas palabras de San Martín tienen una total vigencia. Pero ahora hay que librarnos del imperialismo y de la “dictadura del capital”. Luchar por la segunda y definitiva independencia. Los marxistas revolucionarios sostenemos que la clase trabajadora tiene el poder de cambiarlo todo. Pero para eso, al igual que en la independencia Argentina, tienen que aparecer los dirigentes que se lo propongan. En palabras de Trotsky en esta época “la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria”, dicho de otra forma, “el problema no es que hay un capitalismo fuerte o que no da la relación de fuerzas para destruirlo, sino que hay que dotar a la clase obrera de una dirección revolucionaria para llevarla al triunfo”.

Desde Izquierda Socialista seguimos batallando contra las políticas de entrega y saqueo de los gobiernos, contra las burocracias sindicales y los políticos reformistas y patronales. Postulando un programa político obrero y popular, de independencia de clase en cada conflicto o en las elecciones, para fortalecer a esa vanguardia que lucha por transformar la realidad. Porque ahí están los dirigentes que pueden llevar a la clase trabajadora al triunfo.

Nota: Las opiniones de este artículo son exclusiva responsabilidad del autor.

Publicado el domingo 16 de agosto de 2020

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