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Hay algo de lo que se habla mucho en ciertos ámbitos cerrados. Y esto suele suceder en donde habitan sectores que creen ostentar superioridades mayúsculas, pero que pecan de cierta arrogancia. De eso que se habla -y se habla mucho- es de nosotros y de nosotras: de los trabajadores municipales.

Hace 31 años que conmemoro el 1 de mayo como empleado municipal y cada vez es diferente, pero tanto el 2020 como el 2021 serán inigualables por lo que todos y todas sabemos. Hoy, en mi caso, circunstancialmente tengo la dicha y la responsabilidad de estar en una banca de Concejal, pero les aseguro que en pocos lugares fui más feliz que en una mañana en Cortines donde volveré si así lo depara el futuro.

La pandemia nos hizo observar nuevas realidades, cambiar prioridades, aprender cosas nuevas, adaptarnos a los tiempos que corren. Y cuando miramos para atrás vemos lo que cada uno y cada una ha caminado este municipio; lo que hemos dejado y aportado. ¿Quién no dejó parte de su salud o toda? Estamos más grandes, nos convertimos en padres, madres y más. Echamos verdaderas raíces como trabajadores municipales. Más de uno debería no confundirse: son fuertes los arraigos que nos mantienen y nos mantendrán de pie.
Esto me llevó a pensar sobre qué sería de esta pandemia sin nosotros y nosotras. Siempre hemos hablando en plural y no será esta la excepción, más allá que el verdadero pellejo lo están poniendo quienes están en la trinchera principal: sí, el personal de salud.

Pero ¿qué sería de la pandemia sin todas las personas que trabajan en el municipio? De cada laburante que sale de su casa y va a la dependencia, al taller, a la oficina. ¿Qué haríamos sin técnicos, docentes, mantenimiento, limpieza? Nada: no podríamos hacer nada. Cada uno y cada una vale más de lo que muchos piensan.
Y en estos momentos la verdad se hace realidad. Valemos compañeros, valemos compañeras. Queremos responsabilidades, desafíos, confianza, compañerismo, remuneración justa, humanidad, cariño… ¿por qué no? Respeto, también respeto. Para eso siempre será primordial desterrar cualquier tipo de persecuciones y abrazar el diálogo. No solo no queda otra, sino que es por ahí.

Porque acá estamos: segundo año de una pandemia mundial y, ¿adivinen qué? Trabajadores y trabajadoras municipales no nos extinguimos, ni muchísimo menos. Al contrario, demostramos -para algunos dudosos- que cuando las papas queman hay respuestas.
Mostramos que nadie se salva solo ni sola, que nadie puede sin nosotros y nosotras.
Feliz día para cada laburante, pero especialmente a compañeros y compañeras de la familia municipal.

 

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad del autor.

Publicado el viernes 30 de abril de 2021

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