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Si hablo de la pandemia en la que nos encontramos, esta incluye tanto la enfermedad y la economía de los países, como la reacción mía y de todos como individuos cuando nos situamos en la misma. Por eso voy a explayarme desde diferentes focos.

Responsables socialmente

Como país miramos a nuestros alrededores, utilizando de manera eficaz la tecnología, y tomando medidas al ver la propagación que surgió en tantos otros que demoraron en ocuparse.

No tengo una postura política definida pero puedo afirmar que las precauciones fueron difundidas. Al menos yo, con la cantidad de información que recibí, me sentí involucrada.

Pude comprender al pasar los meses, que se acentúa la crisis económica de muchos y se evidencian temas anteriormente evadidos por el gobierno en los que no voy a profundizar.

La empatía como herramienta

Sostengo que no es sano mantenerse continuamente escuchando casos de cada una de las muertes en el mundo. Pero, si bien cada uno lo vive a su manera, no hay comparación entre lo abrumador del aislamiento y las pérdidas que día a día las noticias nombran. La empatía es la clave para comprender la gravedad. Quizás a uno el virus tan solo le genere un estado gripal, pero ese uno lo traslada generándose una red de contagio hacia otro que su sistema inmune no lo aguanta.

El sentido de reflexión, es recordar que en la primaria nos enseñaron, o al menos a la mayoría (ya que a la educación no todos acceden), que nuestro derecho termina donde comienza el del otro. Aplicarlo para ser respetuosos con la sanidad general y la higiene personal, dando un claro ejemplo de cómo se debe reaccionar sin recurrir a la desesperación.

Desde nuestro lugar contribuimos así a que se cumpla el derecho a la salud con un acto tan simple como no cruzar la puerta principal de casa y tan complejo como no expandir la enfermedad. Partiendo de las consecuencias, estos dos actos son sinónimos.

Desde las nuevas aulas

Como alumna de quinto año secundario, reviso constantemente un blog que subieron desde la escuela para organizar las tareas por año y en el que cada profesor asigna los trabajos para los respectivos alumnos, en algunos casos con fecha de entrega lo cual determina el plazo a realizarlas. Dan la posibilidad de consultas por mail o mensaje privado de “classroom” y la comunicación es eficaz ya que por cualquier necesidad se da una segunda opción tal como un buzón donde, quien no tenga acceso a internet, podrá llevar el trabajo práctico a la puerta de la escuela. Los delegados que representan al curso tienen el permiso de mandar el mensaje a la preceptora que corresponda y resolver inquietudes.

En mi caso, me funcionó para mantener un ritmo de estudio normal y a su vez, al ser flexibles en horarios, no me sumó estrés. El mismo colegio por una semana entera no envío nuevos ejercicios, para que cada uno esté al día y no sobrecargar a nadie. Creo recomendable mantener una rutina estable y no apelar a la hiper-productividad. Cumplir con las responsabilidades y dedicar un porcentaje de espacio y tiempo a distraerse de la realidad, pero en una casa. Como adolescente hay sentimientos encontrados: al estar en la casa uno no se expone a la mirada ajena ni a sus prejuicios, excepto en las redes sociales, pero en ellas uno clasifica qué aspectos muestra. A la vez que hay una necesidad emocional y física de encontrarse con amigas y amigos en la costumbre tanto de las charlas compartiendo un mate, como de la diversión en los boliches.

No todo es una pantalla

Es valioso que se aprecie en estas circunstancias al arte en sus diversas expresiones. A mí por ejemplo me despeja totalmente tocar la guitarra, cantar y aprender sobre el teclado. Lo hagas bien o no, eso sana. Es una oportunidad para dedicarse a eso.

Un rompecabezas de miles de piezas similares que tengo, es para la paciencia. Es decir, se puede encontrar actividades sin la necesidad de salir. Veo por publicaciones personas que se juntan con amigos y uno reacciona mal y tal vez lo comenta, pero no se los digo a ellos porque actúan por ignorancia. Algunos lo consideran un acto de rebeldía. Hay control, pero no es estricto.

Realismo adolescente

Sinceramente no tengo la esperanza de que algo cambie después de esta cuarentena. Aunque sea lamentable, soy realista y consciente. Creo que una vez que se levante, la distancia se esfuma. Van a seguir muriendo gran cantidad de personas pero por femicidios o injusticias.

Hoy muchas personas se deslumbran al ver caminar animales por las calles y al finalizar van a seguir consumiéndolos, considerándose a sí mismos seres vivos superiores. Que vuelvan a trabajar no garantiza una estabilidad económica y por las condiciones en las que viven muchas personas no hay posibilidad de mayor higiene.

Para concluir, vale la pena aclarar que adaptarnos al cambio de hábitos es un bien común y asumir la responsabilidad como ciudadanos es un deber.

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad de la autora.

Publicado el viernes 5 de junio de 2020

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