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“La única verdad es la realidad” decía mi nono Atilio, sentado en su sillita de mimbre para el mate. Lo recuerdo mateando debajo del cuadro del Hidalgo General en su caballo pinto. Eran tiempos en donde él creía que existía una única verdad y para él, era una sola…

La realidad de la cuarentena

Si la realidad construye un discurso que luego termina siendo aceptado por las mayorías, ese discurso concluye en el “puerto de la verdad”. Es decir que si todos creemos que algo existe, ese algo es verdadero. De ser así “La cuarentena” ya concluyó hace aproximadamente un mes.
El buen tino presidencial del inicio fue perdiendo volumen y en estas últimas semanas no pudo con nuestras ansiedades y necesidades gregarias.
La realidad sanitaria pierde poder frente a la realidad personal. Lo venimos percibiendo en cada calle, en cada plaza y en cada barrio. Se hace difícil contener lo incontenible. Nuestra salud mental no entiende de pandemias y políticas sanitarias. Freud lo explicó hace aproximadamente 100 años con sus tres imposibles psicoanalíticos. De ellos el más difícil es gobernar. “El ser humano se resistirá siempre a ser gobernado…”

Las palabras son poderosas

Al parecer algunos asesores presidenciales le aconsejaron ya no hablar de cuarentena sino de “distanciamiento social”. Saben que enfrentar aquello que “el uso y costumbre social” marcan como realidad no solo es inútil, sino contraproducente ya que nuestra mente rechaza todo aquello que ponga en duda eso que “cree ciegamente”. Un viejo dicho advierte sobre el final aquel enfrentamiento: “matan al cartero”, aunque este traiga un mensaje absolutamente lógico, científico y verdadero.
Manejar el discurso y las palabras es muy útil sobre todo en tiempos en donde se manifiestan socialmente grandes ansiedades, angustias y malestares de todo tipo. La consigna del equipo asesor fue clara: “No enfrentar, sino acompañar críticamente”. Si la cuarentena terminó de hecho, es inútil seguir hablando de ella, pero esto, al parecer traerá consecuencias.

La realidad es más poderosa

Algunos semiólogos afirman que el contexto es el texto. Saber contextualizar es muy útil para todo análisis en ciencias sociales y mucho más cuando pensamos nuestro accionar social y colectivo.
¿Podremos enojarnos con aquellos que rompieron la cuarentena?, ¿Deberíamos uniformizar pensamientos, sentires y conductas sociales frente a nuestros miedos y necesidades de lazo social?, ¿Quién se erige Rey para decirle al kiosquero, al artista o al mecánico que no pueden trabajar?
Tenemos por un lado las necesidades emocionales, económicas y sociales de todos nosotros, pero del otro lado del Ágora, está la realidad sanitaria cabalgando sobre un virus que no es pinto, ni tan bello como aquel caballo.

La realidad económica es importante pero si perdemos nuestra salud no hay posibilidad de llevar adelante nuestra economía. Las fábricas, los comercios y los servicios son llevados adelante por personas, física y mentalmente sanas. Por eso es importante no negar la realidad, aunque lógicamente podemos enfrentarla con libertad de acción. La Pandemia no terminó y toda acción tendrá consecuencias, positivas o no. Podemos terminar con la cuarentena favorablemente o volver a la fase 1.

¿Una pandemia en salud mental?

En estos casi 6 meses de cuarentena, como sociedad hemos pasado por todos los estadíos emocionales esperables: Novedad, sorpresa, ansiedad, desanimo, desconcierto y bronca. Me gustaría aclararles que todas esas respuestas emocionales frente a una situación de stress, inesperada y global, son naturales y esperables. No somos robots.
Sin ahondar en detalles debido a la extensión del tema, solo escribiré que los verdaderos efectos en nuestra salud mental los veremos reflejados en los próximos meses y quizás años. Cabe aclarar que todos estamos afectados pero los niños, niñas, adolescentes y ancianos se llevan la peor parte.

Responsabilidad social o Irresponsabilidad social

El discurso presidencial en los últimos días advirtió que “ahora, depende de nosotros…”. El Estado reconoce sus limitaciones y acepta las nuevas condiciones impuestas por la ciudadanía, pero apela a nuestra responsabilidad.

Nuestra argentinidad seguramente está en el podio de las neurosis internacionales. No por azar tenemos la mayor tasa per cápita (por habitante) de psicólogos, psiquiatras y farmacias en el mundo. Y quizás por eso es que tenemos la cuarentena más larga del planeta y precisamente en el peor momento del invierno y cuando la tasa de contagios se elevaba, hemos decidido romper la cuarentena…
Esta neurótica realidad nos exige más que nunca tener una responsabilidad social en acto, diariamente. Exponernos en este contexto puede ser peligroso si no nos cuidamos y si no tomamos las máximas medidas al salir a la calle o al encontrarnos con amigos y familia.

Hoy más que nunca pondremos a prueba dos conceptos clave para la vida en Democracia: El “contrato social” y “las normas de convivencia”. Me las imagino como dos columnas donde se apoya nuestra sociedad. Si alguna de ellas se rompe, todo se derrumba. Quizás sea el momento en que maduremos como sociedad, con respuestas sólidas, adultas y consensuadas entre todos los actores sociales.

Seamos conscientes que ahora depende de nosotros, de nuestras conductas, de nuestros cuidados y de si es tan cierto aquello de que “amamos a nuestros padres, a nuestras hijas o a nuestros abuelos”.

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad del autor.

Publicado el domingo 23 de agosto de 2020

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