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El Lic. Esteban Gomez, psicólogo y miembro del equipo de adultos formadores del Club Luján reflexiona sobre la importancia de los gestos y actos que transmiten valores.

La historia griega enseña, por medio de sus mitos y personajes, valores éticos y morales de su mundo de hace 4.000 años. Una de esas historias, probablemente agigantadas por pasiones helénicas, es la de la “Batalla de las Termópilas”, ocurrida aproximadamente 500 años A.C.
En ella se relata una contienda a sangre y carne, de Atenienses y Espartanos convocados a frenar el terrible avance del ejército persa de Jerjes I.

El lugar elegido, era una suerte de paso angosto con aguas termales en donde según el célebre historiador griego Herodoto, se enfrentaron unos 6.000 griegos contra unos 200.000 persas. La médula del asunto es que 300 fieros espartanos al mando del noble rey Leónidas, estaban al frente.
Casi desnudos, solo con cascos, escudos y espadas, derramaron valor, tripas y huesos durante tres gloriosos días. Su descomunal valor y el amor a su pueblo, doblegaron por un tiempo e hicieron dudar al invasor de continuar con sus planes. La historia continuó, pero yo llego hasta aquí.

Una realidad difícil

Vivimos una realidad global con cada vez menos certezas, con una sequía de valores humanos que espanta al más optimista. Una realidad profetizada por don Enrique Santos Discépolo en la que todo puede ser verdad, o mentira y a nadie se le mueve un pelo. Un Titanic mundial en el que cada uno se salva como puede.
Debo advertir al lector que esto no es nuevo. La humanidad pasó por tiempos oscuros muchas veces y en algún momento un nuevo paradigma nace como fruto de micro revoluciones singulares, colectivas y silenciosas.

Aquellos nuevos paradigmas se regaron con millones de buenos ejemplos, de gente común, de laburantes, artesanos, guerreros, creyentes, músicos y herejes de doctrinas dominantes. Cada uno puso su grano de arena, su gota de sudor y su lágrima.

800 espartanos

Nuestra ciudad no tiene aguas termales ni filosos acantilados. Tampoco estamos en el foco de los Persas. Pero sí venimos siendo desafiados como sociedad por una pandemia que hace estragos y que nos hirió vincularmente, laboralmente, social y afectivamente.

Pero nuestra ciudad tiene fieros guerreros que vienen frenando y enfrentando un enemigo complejo y desconocido hasta hace meses. Son ellos los que están en el frente de batalla. Nuestros atenienses y espartanos son nuestro cuerpo de Bomberos Voluntarios y los trabajadores y trabajadoras del Hospital.

En estos meses dieron todo y más. Hicieron de la empatía y la solidaridad sus escudos y espadas. Curaron, salvaron, se enfermaron, acompañaron en el dolor y se angustiaron en más de una oportunidad.

Viene a mi mente una canción de David Bowie: “Héroes Anónimos”. Esa canción de los 80´, se transformó en un himno relacionado con la caída del muro de Berlín. Aquellos héroes alemanes, que con su pequeña pero sostenida acción transformaron su realidad.
Y es la acción de médicas, enfermeros, bomberos, ambulancieros y personal administrativo, la que puede cambiar el resultado de un partido difícil.

La nueva remera del Club Lujan lleva impresa el nombre y apellido de esos 800 “ciudadanos imprescindibles para toda sociedad”, como diría Bertolt Brecht.

Pintar remeras con el corazón

Un club puede ser mucho más que una comisión directiva. Un club de fútbol puede ser mucho más que miles de socios y una hinchada. Un club de fútbol de la C, puede ser mucho más que la pasión desenfrenada, inexplicable y afectiva de toda una ciudad.

Cuando una institución deportiva decide tener un noble gesto de gratitud, una acción de gracias a un grupo de vecinos comunes y excepcionales al mismo tiempo, también decide sembrar una semilla de valor y ejemplo de humanidad.
En muchos clubes diariamente se están sembrando esos valores. Los jardineros son los miles de hombres y mujeres que acompañan, educan, entrenan y contienen a miles de chicas y chicos de cualquier condición social. Las huertas son las escuelitas de fútbol, de tenis, los clubes de rugby, fútbol, básquet, las sociedades de fomento y cientos de ONG´s que ponen su espacio-tiempo para la tarea.

Un equipo

Cada formador y cada entrenador saben que un equipo es sólido y eficaz solo si hay cooperación y competencia interna. La competencia por el puesto sin colaboración y cooperación transforma al equipo en un grupo de narcisistas dispuestos a hacer cualquier cosa para jugar “ellos solitos”.

También sabemos que debemos identificar y promover la emergencia de líderes naturales en el grupo. Potenciar, mostrar y ejemplificar sin pisarle la cabeza a nadie y sin que nadie se sienta en falta porque un compañero lo hace mejor.

Hay momentos tristes en que un jugador no se sube a la onda del equipo. No conecta con la idea, no se integra y queda afuera. “A veces se van solitos, a veces hay que acompañarlos” decía Carlos Timoteo.

La sociedad es como un equipo y estos 800 ejemplos de líderes sociales y solidarios deben ser nuestros capitanes. Si no lo entendemos así (especialmente nuestros dirigentes políticos, sindicales, empresariales y comunicacionales) estamos condenados a no ascender nunca.

En la presentación de la remera, un valiente bombero empuñando su espada expresó que “el club estaba haciendo una caricia al alma” para aquellos y aquellas guerreras.
Tengan por seguro que hablaremos de ustedes en más de una tarde en el predio San Emilio, poniéndolos como ejemplos a seguir. Y más de una remera con su nombre llegara a casa de algún pibe, transpirada de gloria…

Felicito a las mujeres y hombres de la comisión directiva por esta sensibilidad puesta en acto y por haber dado esas 800 caricias… más la caricia especial al Dr. Jorge Peretto, al haber nombrado al nuevo consultorio médico en su honor.

La remera debe ser la excusa para motorizarnos una vez más a salir adelante colectivamente, como ciudad, como país y como equipo.

 

Publicado el domingo 22 de noviembre de 2020

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