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El 9 de julio de 1816, luego de varios meses de debates, los delegados de las Provincias Unidas del Rio de la Plata reunidos en Tucumán votan la declaración de independencia que significaba la ruptura formal, política, con la monarquía española y de toda “dominación” extranjera.
Era lo que faltaba luego de la gesta revolucionaria de 1810, cuando se designa el primer gobierno patrio, la primera junta. Romper los lazos políticos significaba la posibilidad de auto gobernarse, tomar decisiones propias y romper con el monopolio comercial con España.

Revoluciones burguesas y revolución industrial

El espejo en el que se miraban todos los patriotas era la revolución industrial, la revolución francesa y la independencia de EEUU. La revolución industrial del siglo XVIII en Inglaterra y parte de Europa, con la maquina a vapor y el trabajo en serie (fabricas) impulsa el paso de una economía agrícola y comercial de pequeña escala a una economía industrial, urbana y de gran escala que exige nuevos mercados. Esto empujaba el llamado ciclo de revoluciones burguesas.
La revolución francesa y la toma de la Bastilla fue el fin de los viejos regímenes feudales absolutistas para dar paso a las repúblicas democráticas o monarquías parlamentarias y la llegada de la burguesía al poder. Tal como lo conocemos hoy. La burguesía, que estaba a la cabeza de la revolución industrial, exigía cambios políticos acordes a los nuevos tiempos y para logarlo se apoya en las clases bajas: campesinos pobres, artesanos y la naciente clase trabajadora con la promesa de igualdad, libertad y fraternidad. Se genera un movimiento político e ideológico mundial, “el liberalismo”.
Esto, junto con la independencia de EEUU (1776) de la corona británica (primer país colonial en independizarse en América), es el caldo de cultivo de la independencia de Argentina y de todo el continente. El imperio español perdía poder, en el plano internacional, a lado del creciente imperio británico que estaba al frente de esos cambios económicos, tecnológicos e ideológicos.

La historia continuó

Argentina logró la independencia, pero los ingleses y otras potencias sometieron el país, no con ejércitos, si no con bancos, con inversiones, con comercio y con “deuda externa” (en 1824 Argentina pidió el primer crédito a la banca inglesa que termino de pagar 100 años después luego de varias “renegociaciones”) que influyeron en la política nacional y fueron modelando un país agro exportador, es decir: proveedor de materias primas baratas para el mundo e importador de manufacturas. El imperialismo mundial le dió ese lugar en el mundo a nuestro país, y más allá de que hubo quienes cuestionaron ese proyecto, es el que se impuso.

Cambiamos de imperialismo, pero nuestro lugar es el mismo

Luego de la primera guerra mundial comienza la decadencia del imperialismo Ingles y empieza a surgir EEUU como primera potencia mundial, que se consolida luego de la segunda guerra. La patronal Argentina discutía también, según sus intereses de qué lado ubicarse. La creciente industrialización del país fruto del llamado periodo de sustitución de importaciones hace que la clase obrera Argentina tome un nuevo impulso y al calor de las luchas exigía derechos que comunistas, socialistas y anarquistas trajeron del viejo continente.
Pero mientras la burguesía y el pensamiento liberal patronal se expandía por el planeta, la clase trabajadora que había acompañado esas revoluciones por igualdad, libertad y fraternidad deduce, rápidamente, que nada de eso es para ella y da origen a nuevos movimientos políticos e ideologías ligados a la defensa de los intereses de los trabajadores.

Braden o Perón

Para defender los intereses ligados a Inglaterra, Perón se apoyaba en la clase obrera a la cual le cedía en algunos de sus reclamos. De de esa manera se ganó la simpatía popular, y así surge el peronismo, un movimiento nacionalista de carácter burgués.
El peronismo cuestionó eso de ser el “granero del mundo” y con fuertes inversiones estatales se propuso un modelo de país industrial y de relativa independencia económica, lo que lo llevo a enfrentarse parcialmente a EEUU. Pero cuando tuvo que defender ese proyecto, en el ’55, Perón se negó a repartir las armas que el pueblo le pedía para defenderlo y repeler el golpe. “Hay que desensillar hasta que aclare…”, dijo.
El imperialismo norteamericano se impuso en el mundo, y la Argentina tenía que seguir siendo solo productora de materias primas. Los gobiernos que siguieron al golpe del ’55 comenzaron a desarmar ese proyecto de país independiente e industrial. La clase trabajadora era su principal oponente.
Mientras peleaba contra la proscripción del peronismo y por el regreso de Perón, se enfrentaba sin cuartel a los planes de ajuste y entrega. Cuando Perón finalmente volvió, apoyado en la derecha peronista y en la burocracia sindical, comenzó a combatir a esa enorme vanguardia obrera que había luchado por su regreso. La respuesta fue la “AAA” y un tremendo plan de ajuste que terminó en el “Rodrigazo”. Con su muerte se abre paso la última dictadura que vino a liquidar a esa vanguardia obrera y ese proyecto de país independiente. Se destruyeron miles de fábricas, se instaló la timba financiera de “la plata dulce” y creció de manera exponencial la deuda externa.

Deuda externa: instrumento de saqueo y sometimiento

Ya en democracia la deuda externa, que se había generado de forma ilegítima y fraudulenta ere impagable. Aun así fue reconocida Alfonsín con el apoyo del PJ y eso acentuó el carácter semicolonial del país.
Con el menemismo se remataron todas las empresas del estado, cientos de puestos de trabajo se perdieron al igual que gran cantidad de conquistas obreras. Y ciertamente ese modelo de país agro exportador, dependiente del crédito externo y para pocos es el que sigue hasta el día de hoy. En 1816 nos independizamos del imperio español, y estuvo bien. Pero fuimos sometidos por otros y de otra manera.

Por la segunda y definitiva independencia

Estamos en 2020, en medio de una crisis económica que lleva más de 10 años y que se agravó con la pandemia. Desde Izquierda Socialista decimos que hay que luchar por la “segunda y definitiva” independencia.
Si la principal herramienta que tienen el FMI y las multinacionales de sometimiento y saqueo del país es la deuda externa, pues entonces la primera medida independentista es dejar de pagarla, romper con el FMI y las multinacionales y poner esos enormes recursos al servicio del desarrollo nacional. Re estatizar las empresas privatizadas pero bajo control de trabajadores y usuarios.
Nacionalizar la banca, nos permitiría utilizar el ahorro nacional para otorgar créditos blandos a pequeños productores industriales o agropecuarios e impulsar a emprendedores, entre otras cosas. Nacionalizar el comercio internacional, para satisfacer primero las necesidades como pueblo y vender todo aquello que produzcamos (Por ej. Argentina produce alimentos para 400 millones de personas, sin embargo el hambre es una realidad en el país). Es decir, planificar la economía en función de las necesidades populares.
Para que esa independencia sea real, tiene que estar liderada por los trabajadores. Ya no hay “algún” sector burgués o patronal que va luchar por la independencia y se va a enfrentar a multinacionales, bancos, al FMI.

El peronismo se ha convertido en un aparato que puede ganar elecciones, pero que ha abandonado sus banderas históricas. Las viejas consignas del peronismo: soberanía política, independencia económica y justicia social, hoy las levanta el Frente de Izquierda. Y no solo eso, le damos una vuelta de rosca cuando decimos que solo los trabajadores gobernando vamos a lograr la felicidad de los mismos. Lo estamos viendo con Alberto Fernández, pagando la deuda externa con el hambre popular, convirtiendo en una novela la ley para cobrar un impuesto a las riquezas o el show que monto con Vicentin hablando de expropiación y soberanía alimentaria y, que no nos extrañe, que termine en la estatización de la deuda para “salvarla”.

Apoyamos la cuarentena, única medida efectiva contra el virus, pero el presidente cede a la voracidad empresarial, capitalista y obliga a millones de trabajadores a salir, y junto con la burocracia sindical peronista avala rebajas salariales, despidos, suspensiones y para aquellos trabajadores en negro o cuentapropistas la ayuda del IFE es totalmente insuficiente.
Por eso desde el Frente de Izquierda exigimos un fuerte impuesto a las grandes fortunas y dejar de pagar la deuda para generar un fondo de emergencia para cumplir con la cuarentena, sin hambre, despidos ni rebajas salariales.
Al igual que aquellos patriotas de 1816 que concluyeron que era necesaria la independencia política de España y de toda otra nación extranjera, nosotros tenemos confianza ciega en que nuestra clase, la del Cordobazo, la del Rodrigazo, la que echó a la dictadura, la del Argentinazo, la que no para de enfrentar los planes de ajuste y los nuevos dirigentes obreros que surjan, van a ir sacando esa conclusión: Hasta que no gobernemos los trabajadores no habrá ninguna independencia.

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad del autor.

Publicado el miércoles 8 de julio de 2020

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