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Ya pasó un mes, en algunos casos un poco menos, desde que se dió lugar en la provincia de Bs. As. al inicio del ciclo lectivo, retomando en la mayoría de las escuelas las clases con una modalidad que alterna lo virtual y lo presencial. ¡Llegó la tan ansiada vuelta a la escuela! Y es cierto que se trata de una vuelta, pero no a lo mismo…
Para muchos es un primer encuentro, ya sea por iniciarse en el sistema educativo o por haber atravesado el pasaje de un nivel a otro.

Volver a lo conocido-desconocido

Resulta entonces que muchos se encuentran con lo novedoso de la etapa, que es distinta ya que propone una serie de reglas y protocolos inéditos que imprimen el sello de lo nuevo. Es conocer un jardín de infantes, una escuela primaria o una secundaria con una modalidad nueva, a estrenar. Sin embargo, la gran mayoría vuelve al reencuentro de un edificio conocido que funciona de una manera desconocida hasta hace un tiempo atrás. Y esto viene para muchas chicas y chicos acompañado por una cuota de nostalgia de aquella escuela que solían habitar. Lo cierto es que más allá de todos los cambios que se dieron a partir del inicio de la pandemia, lo que permanece en el tiempo es la capacidad de adaptarse (del ser humano en general y) de los más chicos particularmente.

Los más chicos nos sorprenden y más allá de las quejas que puedan objetar como muestra de su descontento con las restricciones condicionadas por la situación actual, hasta el momento dan testimonio de poder responder de forma adecuada y responsable a la nueva modalidad. Esto no quiere decir que todo funcione de maravillas, pero tanto en
mi experiencia en el espacio terapéutico como en otros espacios en relación con niños, niñas y adolescentes, puedo ubicar que la gran mayoría esperaba con ansias el regreso a la escuela. ¡Ellos y sus familias! Las razones son diversas, pero el lugar valioso que ésta asume muestra sus efectos en la predisposición de los chicos y quienes los acompañan.

La vuelta y sus desafíos

¿Y por qué se da este interés? Varias cosas: En principio, las complejidades de la enseñanza remota. Se sabe que en el transcurso del año pasado muchos no pudieron acceder a las propuestas escolares por razones materiales en relación al acceso a la conectividad electrónica, visibilizándose de esta forma desigualdades y problemas estructurales de larga data. También tenemos que tener en cuenta que la enseñanza virtual es compleja, y en otros casos la dificultad surgió en la adaptación a esta modalidad y al encuentro con los docentes y pares a través de una pantalla.

Otra de las razones que destaco y que fue causa para muchos el año pasado de dificultades para llevar una cursada regular tiene que ver con la diferenciación de los espacios. Esto surgió en reiteradas ocasiones como una preocupación en el espacio terapéutico, en las que el enunciado tácito que insistía era que “en la escuela se estudia, en la casa se hacen otras cosas”.
Y es cierto que ese es uno de los parámetros que dan identidad a cada institución: cada una con su función, con sus propuestas, expectativas, reglas y obligaciones. La escuela es estructurante, y no solo como espacio físico reservado al estudio, sino que además ordena, regula tiempos, modos, propone un seguimiento más exhaustivo. Y la regulación de los tiempos no es cosa menor… muy por el contrario, la adhesión a rutinas que nos ordenan genera una cuota de tranquilidad y cortes en lo temporal que hacen que no todo sea lo mismo, que haya un sentido para cada actividad. ¡Y en esta sintonía se encontraban incluso aquellos que abiertamente expresan que no les gusta la escuela! Y es que claramente prefieren reservar el espacio y el tiempo de estudio a la escuela. Pero no es solo eso. La razón quizás más importante de la tan ansiada vuelta a clases tiene que ver con el reencuentro con los otros: docentes, compañeros y amigos en muchos casos.

La importancia de los lazos en el proceso de desarrollo y aprendizaje

Sabemos que la escuela es una institución que abre posibilidades de acceso al conocimiento, y es importante no perder de vista que, aún en condiciones adversas, esto se da necesariamente en lazo con otros. En el contexto actual fue necesario pensar nuevas formas de sostener este lazo, ya que de la forma en que lo conocíamos no era posible. Y sabemos de muchos casos incluso en los que esto fue muy difícil de llevar a cabo y el lazo prácticamente se cortó.

Enviar tareas no es sinónimo de enseñar, y realizarlas no implica necesariamente que hubo aprendizaje, ya que nadie aprende lo que se le enseña de manera directa y estructurada. Enseñanza y aprendizaje son procesos diferentes y para que se lleven a cabo de forma satisfactoria es necesario el intercambio. Durante el año pasado los docentes tuvieron que buscar formas de estar presentes para posibilitar el establecimiento de este vínculo central para el aprendizaje, y la vuelta a la escuela facilita nuevamente ese encuentro –barbijos y máscaras mediante, claro.

Aprendemos recibiendo algo que un otro nos brinda: su conocimiento, su presencia, su tiempo, su mirada, su escucha. Y los niños, niñas y adolescentes como sujetos de aprendizaje necesitan ser mirados, hablados pero también tener habilitado un lugar para mirar y expresarse. Por otra parte tengamos en cuenta que el aprendizaje no se da unilateralmente de docentes a alumnos. Los pares funcionan muchas veces como andamiajes en esos procesos, compartiendo formas, métodos, facilitando explicaciones, hasta quizás en un código distinto, más próximo.
Por otra parte, y subrayando nuevamente la importancia de los lazos, la escuela se postula como uno de los agentes principales en el proceso de socialización secundaria.

Aprendemos en ella y con otros no solo contenido curricular sino que es el lugar por excelencia donde se desarrollan y potencian las habilidades necesarias para la integración y contribución a la vida social. Incorporamos patrones (que luego se pueden cuestionar o no), normas sociales, formas de vincularnos que trascienden a la modalidad familiar.

Por todo esto, podemos pensar a la escuela como una práctica subjetivante, que potencia los lazos sociales y brinda la posibilidad de disfrutar el aprendizaje con otros. La vuelta de los chicos a la presencialidad en las escuelas es una buena noticia siempre que se garanticen las condiciones que hagan al cuidado de la salud de toda la comunidad educativa.

Nota: Las opiniones de este artículo son responsabilidad de la autora

Publicado el sábado 3 de abril de 2021

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